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Coitocentrismo y Dispareunia

Cuando el sexo duele

Muchas mujeres sienten dolor al mantener relaciones sexuales con penetración en algún momento de sus vidas.  La dispareunia es definida como ‘dolor genital persistente o recurrente que ocurre justo antes, durante o después de tener relaciones sexuales’.

Los síntomas pueden ser muy diversos: dolor solo en el inicio de la penetración, dolor intenso con cada penetración, sensación de ardor que persiste horas después de la penetración, dolor punzante que se traslada fuera de la zona genital afectando al ano o la uretra… Tan diversos son los síntomas como las causas:

Atendiendo a las causas físicas y/o biológicas, podemos encontrar algunas cómo:

Lubricación insuficiente, vaginismo, anomalía congénita, ciertas enfermedades como la endometriosis, la enfermedad pélvica inflamatoria, el prolapso uterino, el útero retrovertido, los fibromas uterinos, la cistitis, el síndrome del intestino irritable, las hemorroides y los quistes en los ovarios (SOP)…entre otras muchas y haber sufrido cirugías o tratamientos médicos. Las cicatrices de cirugías pélvicas como la histerectomía, lesiones o irritación por un accidente, cirugía pélvica, episiotomía… pueden causar dolor al tener relaciones sexuales.

Desde una perspectiva psicológica, las emociones están íntimamente conectadas con la actividad sexual, por lo tanto, pueden ser un factor en el dolor durante las relaciones sexuales. Los factores emocionales comprenden los siguientes:

Problemas psicológicos. Ansiedad, depresión, preocupaciones sobre la apariencia física (baja autoestima), miedo a la intimidad o problemas en la relación de pareja, pueden contribuir a un bajo nivel de excitación, poco deseo sexual y, en consecuencia, a la incomodidad o el dolor.Estrés. Los músculos del suelo pélvico tienden a tensarse como respuesta al estrés que sentimos en determinados momentos. Esto puede contribuir al dolor durante las relaciones sexuales.Antecedentes de abuso sexual. Trabajando en consulta he observado que un gran número de mujeres con dispareunia han sido víctimas de abuso sexual. No todas las mujeres con dispareunia tienen antecedentes de abuso sexual, pero este motivo puede influir.

Puede ser difícil determinar si hay factores emocionales asociados a la dispareunia. El dolor inicial puede causar miedo de tener dolor recurrente, lo que hace difícil la relajación y conectar con el placer, y esto puede causar más dolor llegando a evitar el acto sexual por miedo a sentir dolor, lo que acabará  provocando un problema en la vida cotidiana de quien lo padece.

Las  mujeres que sufren dispareunia y no pueden mantener relaciones con penetración sufren de alteraciones emocionales y disfunciones sexuales, como el estrés, ansiedad, bajo deseo sexual, anorgasmia, frustración, conflictos con la pareja…se sienten mal porque consideran que no pueden disfrutar del sexo como una “personal normal”. Aquí entonces es cuando entra en juego el coitocentrismo y la obsesión por el coito. No puede ser que todavía sigamos centrando las relaciones sexuales en el coito y entorno al pene, ¡Cómo si no hubiera nada más!

La sexualidad, al igual que todas las áreas que conciernen al ser humano, ha cambiado y evoluciona. Hemos aprendido a relacionarnos sexualmente condicionados fundamentalmente por 3 motivos: la cultura, la educación y las experiencias personales.

El modelo sexual que la cultura nos ha inculcado y sobre la que construimos nuestra forma de vivir y expresar nuestra sexualidad se centra básicamente en dos premisas: el sexo como fin reproductivo (aunque en las últimas décadas esto ha cambiado, la tradición judeocristiana ha marcado nuestra sexualidad “prohibiéndonos” el placer) y centrar el sexo en los genitales (la asociación que aprendemos entre sexo y genitales es tan potente que nos impide entender una relación sexual donde no intervenga el pene o la vulva).

Esta forma de entender la sexualidad que nos han contado siempre, mantiene al coito como casi la única práctica sexual relevante, permitida y casi obligatoria.  Entonces yo me pregunto: ¿Si no hay penetración no hay sexo? ¿Si no hay coito no hay relación completa? ¿Sin penetración no hay placer? ¿Sólo podemos sentir orgasmos con el coito?

Tenemos unos cuerpos estupendos y maravillosos preparados para el placer, para sentir y para vibrar. Vamos a dejar de limitar nuestra sexualidad en sólo una práctica y exploremos todo un mundo de posibilidades de gozo y disfrute. Por ello os animo a combatir el coitocentrismo. Que no se trata de erradicar ni de criminalizar esta técnica, sino dejar de priorizarla y sobre todo, no limitar y reducir nuestra sexualidad al coito.

Creo que es conveniente que todos y todas pensemos, que:

Hacer sexo no es igual que hacer coito: por todo lo comentado antes, la sexualidad humana abarca un amplio espectro de conductas, deseos y emociones por lo que el coito debe ser entendido como un juego más. Centrar la sexualidad en el coito puede generar efectos negativos como hacer que nuestras relaciones sean muy aburridas y favorece además la aparición de disfunciones sexuales por la obsesión de “hacerlo bien” o “dar la talla” como por ejemplo la eyaculación precoz o la disfunción eréctil.

Es conveniente salir de la monotonía e integrar en nuestras relaciones sexuales otras conductas no coitales, incluso donde no intervengan nuestros genitales, ya que ello ampliará nuestra sexualidad y en consecuencia nuestro deseo y nuestra satisfacción sexual.

El fin más importante de la sexualidad es el placer y la satisfacción sexual, por ello no existen conductas de primera y de segunda sino en todo caso, conductas que nos satisfacen más o menos.  La masturbación, el sexo oral, las caricias, los masajes…etc, no deben perder prioridad de una manera obligatoria en nuestro repertorio respecto al coito.

En el sexo, no podemos poner un objetivo, hay que poner una intención.

En definitiva, creo que es bueno que seamos críticos y críticas o cuando menos razonar sobre las consecuencias positivas y negativas de aquello que la cultura en ocasiones nos impone y elegir la opción que más se adecua a nuestros gustos. Y lo más importante de todo: tenemos que atender y escuchar nuestro cuerpo. Si algo nos molesta o nos duele, debemos averiguar qué es lo que nos pasa, protegernos y cuidarnos. Pedir ayuda y sanar. Si la penetración te causa dolor, recuerda, no estás obligada a practicarla. No te hace ni menos ni peor mujer.

Nos merecemos una sexualidad más consciente más feminista y menos coitocentrista.

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Blog Psicología de la Mujer

Feminismo Terapéutico

La importancia de la perspectiva de género en la psicología

Es incuestionable que vivimos en un momento social donde el feminismo tiene una gran relevancia. Esta nueva ola feminista nos está dando a las mujeres mucho aliento, mucha ilusión y muchas ganas para construir otra forma de vida.

Los profesionales de la salud no podemos mantenernos al margen de los cambios que acontecen, al revés, tenemos que implicarnos y preocuparnos por conocer cómo nuestro entorno y los cambios que se dan en éste, afectan directamente a las personas a las que atendemos. Y el feminismo está generando unos cambios profundos no sólo a nivel social y político, sino también a nivel psicológico.

Como profesional de la salud mental y emocional soy consciente de lo imprescindible que es aplicar una perspectiva de género en nuestro trabajo.

Primero vamos a definir qué es el género y la importancia que tiene en nuestro desarrollo biopsicosocial.

Entendemos que el género hace referencia al conjunto de funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para las mujeres y los hombres. Es decir, es un constructo social que tiene como fin básicamente diferenciar.

Desde que nacemos nos etiquetan en función de nuestro género, como por ejemplo, nuestro nombre, la ropa, a las niñas se nos pone pendientes, el uso de juguetes distintos, etc.

Vivimos rodeados de roles y estereotipos de género que acaban creando grandes desigualdades en todos los aspectos de nuestra vida, afectando a nuestras relaciones personales, a nuestra vida profesional y sobre todo a nuestra salud, tanto física como emocional.

¿Por qué es tan importante integrar la perspectiva de género?

Porque tenemos que reconocer que la posición de hombres y mujeres en la sociedad es desigual, y esta desigualdad es responsable del importante malestar psicosocial de las mujeres (malestares de género). Aprender a mirar con las «gafas violetas», supone aprender a mirar y comprender que los problemas individuales son a menudo resultado de la posición social de las mujeres como colectivo. Esta mirada sobre las causas del malestar individual tiene sin duda consecuencias en la forma de entender, analizar e intervenir en nuestro trabajo como psicoterapeutas.  Es imprescindible entender que los “problemas” o “malestares” que sufren las mujeres no pueden explicarse ni transformarse sin referirse a su posición injustamente subordinada en la sociedad.

Debemos abandonar la psicología tradicional androcéntrica y la psicología científica neutra para poder abordar temas tan relevantes como la formación de estereotipos, actitudes y roles sexuales, la ética del cuidado y la necesaria justicia social en el reparto equilibrado de tiempos dedicados a la producción/reproducción y por supuesto en la intervención con mujeres víctimas de violencia de género y la intervención con hombres que ejercen violencia machista.

Con mi experiencia trabajando en consulta he sido consciente de los patrones que tienden a repetirse en casi todas las mujeres. Frecuentemente cuando una mujer viene a terapia suele manifestar algún trastorno del estado de ánimo, siendo la ansiedad el más frecuente y el estado depresivo también. Los síntomas más comunes suelen ser: dificultades para dormir, nerviosismo, cansancio extremo, descontento con su imagen, problemas con la pareja, desconexión con el placer, poca apetencia en general hacia nada, falta de motivación…entre otras muchas cosas.

Entonces llega el momento de trabajar la introspección y mirar qué es lo que hay detrás de estos síntomas y somatizaciones. Aquí es cuando debemos ponernos las gafas moradas y observar con atención.

Y es ahora cuando se abre la «caja de pandora» y entiendes que el género está detrás de todos estos malestares: altas autoexigencias, dependencia emocional, miedo a la soledad, perfeccionismo, cuidar de los demás, anteponer las necesidades de los otros a las nuestras, la maternidad, creencias negativas sobre nuestro cuerpo y nuestro autoconcepto, intentar cumplir los cánones de belleza, complacer, buscar la aprobación y el reconocimiento externo, el amor romántico y el intento de sostener a toda costa relaciones que nos dañan…

Por eso es tan importancia “utilizar” el feminismo con fines terapéuticos. Porque el feminismo puede transformar nuestra realidad y hasta salvarnos la vida.

Lo mismo puede parecer una exageración cuando afirmo libremente que «El feminismo me ha salvado la vida», a mí y a muchas mujeres. Pero es real.

Menciono a continuación las razones que tengo para defender este pensamiento:

El feminismo nos ha hecho despertar, nos ha ayudado a conocernos y a conectar con nosotras mismas.

El feminismo te hace darte cuenta de quién realmente quieres ser, tomas conciencia que tienes un mundo entero por deconstruir y que en este proceso, no estás sola.

El feminismo te empuja a gritar aquello que lleva anclado en tu alma  mucho tiempo.

Te animas por fin, a pedir y reivindicar lo que te corresponde, lo que era nuestro pero me nos quitaron. El feminismo te enseña a hacer justicia. Que no venganza.

El feminismo nos ha enseñado a entender que callada no estamos más guapa. Ninguna mujer callada estará guapa. Jamás.

Con el feminismo reaprendemos a amar. Porque el concepto de amor patriarcal tan instaurado en nuestro subconsciente nos hace pequeñas, nos limita, nos hace daño. Y nos mata. Porque el amor romántico mata cada día a compañeras, por todo el mundo. Y gracias al feminismo aprendemos que el amor es todo lo contrario al dolor. Que no necesitas que te salve nadie. Que no queremos príncipes que nos cuiden. Que lo que necesitamos son compañeros que quieran crecer a nuestro lado.

Y te planteas que lo mismo no quieres ser madre. Que una mujer sin hijos está igual o más completa que aquellas que sí han decidido criar. Porque parir no es nuestra obligación, sino una opción que debemos considerar de forma responsable. La maternidad deja por fin de ser una imposición para convertirse en una elección.

El feminismo te transforma y te empodera

Las/los profesionales de la Psicología tenemos que ser conscientes de la importancia que tiene el feminismo y la perspectiva de género en nuestro trabajo, y por ello tenemos  que participar, producir y reproducir sistemas de relaciones más democráticos, igualitarios y justos, que serán también, sin duda, más saludables y satisfactorios para las mujeres y para los hombres.

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Blog Endometriosis Psicología de la Mujer

Endometriosis: sexualidad y culpa

Qué levante la mano qué mujer no ha tenido nunca ningún conflicto con su sexualidad…

La sexualidad es un área de la vida de la mujer que se puede ver afectada por muchos y muy diferentes motivos, tengas endometriosis o no. Pero con endometriosis, la cosa se complica un  poco más.

Es muy normal escucharnos decir: «tengo dolor en las relaciones», cuando hacemos referencia a la dispareunia (dolor en la penetración), síntoma muy común debido al hipertono del suelo pélvico, inflamación, adherencias…etc. Pero no nos duelen «las relaciones», tener estas molestias no significa que no podamos practicar sexo, simplemente es que hay una práctica sexual que nos molesta: el coito.

Debido a la educación que hemos recibido respecto a la sexualidad es común tener una visión reduccionista sobre ella (coitocentrismo), hasta tal punto que solo pensamos en una sexualidad: la masculina, olvidándonos de nosotras, de nuestros cuerpos  y de nuestro placer. Anteponemos su satisfacción a la nuestra y ahí es cuando comienzan los conflictos con nuestro bienestar físico y emocional.

Las mujeres con endometriosis tenemos que lidiar con bastantes dificultades a lo largo del día y lo que no podemos permitir es que un área dedicada únicamente al disfrute y al gozo se convierta en un problema y en una fuente de presión y estrés. Si compartimos nuestra vida en pareja, tenemos el derecho de reclamar lo que deseamos, de ser asertivas sexualmente y decir NO si algo nos duele o no nos gusta, tenemos que expresar lo que sentimos en cada momento, merecemos ser escuchadas y respetadas  y sobretodo, atendidas y satisfechas . Y no, no estás obligada a realizar el coito si no te apetece, no eres menos mujer por no hacerlo y por supuesto, NO TIENES LA CULPA.

La culpa, esa emoción que aparece cada vez que nuestras creencias nos recuerdan que no estamos haciendo «lo correcto». Nos echamos la culpa porque consideramos que si no le damos a esa persona lo que quiere, se irá, nos abandonará. Y de lo que no nos damos cuenta es que cuando hacemos algo que no deseamos, sino únicamente nos mueve la necesidad de satisfacer al otro, me estoy haciendo daño a mí. ¿Hasta qué punto nos compensa mantener a alguien en nuestra vida si para ello tengo que hacer cosas que no quiero? ¿Realmente esa persona te está respetando cuando consiente que realices determinadas prácticas que te duelen o no te gustan? Pues no. No compensa.

Una mujer con endometriosis no elige tener dolores, ni elegimos pasar por quirófanos, ni tener dispareunia, ni estar cansadas, como tampoco elegimos tomar anticonceptivos que eliminan nuestra líbido. No es un capricho, es una enfermedad con la que tenemos que aprender a convivir y las personas que nos rodean, también.

Tanto si se tiene pareja estable como si no, esto va a despertar muchos sentimientos tales como temor, inseguridad, frustración, tristeza, ansiedad. Es natural y saludable el necesitar encontrarse en el aspecto sexual-afectivo con la persona deseada para poder sentirse satisfecha en este área de la vida de la mujer.

Entonces, ¿Cómo podemos vivir nuestra sexualidad sin sentirnos culpables?

Cuando existe dolor físico es importante buscar cuales son las vías placenteras y de disfrute en la pareja que no impliquen dolor y que pueden dar satisfacción a las dos partes. Un camino común de redescubrimiento, sensibilidad y creatividad.

La comunicación, el diálogo y la inteligencia emocional son recursos que deben estar presentes para poder disfrutar de una sexualidad plena. Pregunta, pide, expresa, pon límites. Lo que tú necesites en cada momento es lo que tienen que darte. Recuerda que el placer es cosa de los dos y para los dos.

A veces los esquemas sociales respecto a la sexualidad se reducen a una genitalidad que limita y priva de conectarse con el placer, la sensualidad y la intimidad de una manera más global e integral. Tenemos que aprender a concebir la sexualidad como algo diferente y quitarnos de la cabeza que «sin coito no hay placer».

Y no te eches la culpa, nunca jamás, por nada. La sexualidad femenina es muy distinta a la masculina, por lo tanto, si en la pareja no hay un equilibrio, ni buena comunicación y las cosas empiezan a fallar, NO ES TU CULPA, sino que ambos son responsables de transformar la situación. No es sólo cosa tuya, no estás obligada a satisfacer a nadie y tú no tienes ningún problema.

 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

 

 

 

 

 

 

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Alimentación Blog

¿Tengo hambre o tengo ansiedad?

Psiconutrición: cómo aprender a distinguir entre el hambre físico y el emocional.

 

El estado de ánimo influye en la forma de alimentarnos y, como prueba de ello, la comida se convierte en el refugio más fácil y accesible. Alimentos con un elevado contenido en grasas, azúcar y sal suponen el mejor consuelo. Por ello, la nutrición emocional busca, a través de habilidades psicológicas, aprender a distinguir entre el hambre físico y el que está marcado por la ansiedad o la apatía.

La acción de comer genera normalmente una sensación de bienestar, pero hay muchas ocasiones en las que comemos movidos por nuestras emociones, y no nuestras necesidades fisiológicas. El simple hecho de estar de buen humor o por el contrario, sentirnos mal por algo que nos ha ocurrido, va a determinar en la mayoría de las veces qué alimentos ingerimos. Cuando nuestro estado de ánimo es ansioso o negativo, existe cierta tendencia a buscar alivio o refugio en la comida. 

Seguramente a todxs nos ha pasado algo parecido: es viernes por la noche, estoy cansada de la semana dura de trabajo y además no tengo ningún plan porque mis amigos están fuera u ocupados con sus parejas, asi que decido quedarme en casa, ver una serie, pedir una pizza acompañada de un montón de chucherías, refrescos o alcohol, aún sabiendo que mañana me voy a levantar con dolor de tripa por comer tanta golosina, me da igual. ¿Os suena? 

Nuestra forma de comer se ve condicionada por el cerebro emocional. Muchas veces comemos para «anestesiarnos» en vez de alimentarnos. Desde que somos pequeñitos algo muy habitual es ser premiados o castigados con la comida, y el cerebro asimila esta información, la integra en la vida cotidiana especialmente cuando surgen dificultades.Cuando no sabemos cómo resolver nuestros problemas, pretendemos que la comida lo haga por nosotros.

 

Hambre emocional: la importancia de regular las emociones

Es importante que conozcamos que hay muchos alimentos que guardan una estrecha y directa relación con las emociones. Los alimentos con un gran aporte calórico, alto contenido en grasas y azúcares, son aquellos que suelen apetecernos más en momentos de euforia como en momentos más deprimidos. 

¿Pero por qué nos apetecen más estos alimentos y no otros? Porque en nuestro cerebro se activan los sistemas de recompensa, regulados por neurotransmisores que rápidamente activan una sensación placentera ante estos estímulos (chuches, chocolate, patatas fritas…). Cuando repetimos esta conducta con frecuencia, en algunas personas ocurren cambios bioquímicos permanentes que alteran y llegan a modificar la conducta alimentaria. 

Esta realidad cobra todavía más importancia cuando hay sobrepeso y la persona desea ponerse a dieta. El sobrepeso nos indica que hay «cosas no resueltas», pone de manifiesto que hay algo que sobra en nuestro cuerpo, de lo que debemos desprendernos. Por eso es importante detectar el hambre emocional, y darnos cuenta que estamos llenando con comida ciertas carencias emocionales o  conflictos afectivos.

La psiconutrición, disciplina que llevamos a cabo psicólogos y nutricionistas, consiste en equipar a la persona que está llevando a cabo un cambio en su hábito alimenticio, como una dieta de adelgazamiento, de herramientas psicológicas para no caer en la ingesta emocional y responder sólo a la fisiológica sin sufrimiento, ansiedad, y con calma.

 

Cuidado con la dieta y la restricción

Personalmente, el concepto «dieta» no me agrada. Se ha demostrado que lo más eficaz para producir un cambio saludable en la alimentación de una persona, es promover cambios en sus hábitos conductuales respecto a la comida y al ejercicio físico, respaldado todo ello con un apoyo emocional. Una dieta es algo limitado en tiempo y objetivos, pero un cambio de hábitos implica una modificación permanente en la conducta. 

Restringir alimentos, algo muy común en personas que realizan dietas de adelgazamiento, incrementa sensaciones de ansiedad y angustia, desembocando en un consumo de los mismos. Esto pasa con el azúcar, que influye en los estados depresivos formando un circulo vicioso. En las dietas restrictivas de azúcar e hidratos de carbono, generalmente se acaban produciendo «atracones» o se realizan los ahora llamados «cheat meal» (día de la semana que la persona a dieta come lo que le da la gana, especialmente grasas y azúcares). El peligro de estos atracones de azúcar es la descompensación hormonal que nos provoca, acentuando las emociones de culpa y tristeza. Este comportamiento repetido y sin control, es uno de los síntomas del trastornos alimenticio de la bulimia.

 

Todos los trastornos emocionales o psicológicos: ansiedad, estrés, miedo, depresión…repercuten en nuestra conducta alimentaria.

La comida puede convertirse en un alivio temporal a un problema, o una herida emocional mucho más profunda, pero mientras no sanemos esas heridas o resolvamos esos problemas por nosotrxs mismxs, seguirán ahí, la comida sólo los esconderá.

 

Por eso, es muy beneficioso contar con expertos en PSICONUTRICIÓN, profesionales de la psicología que podemos ayudarte a gestionar tus emociones y además, como nutricionistas que somos, contamos con un amplio conocimiento en comida y alimentación. Resolverás tus conflictos y dificultades y desarrollarás una conducta alimentaria saludable que te cambiará la vida. 

 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

 

 

 

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Blog Endometriosis

Endometriosis: de la nefrostomía a la ileostomía

Cuando leo o escucho que la Endometriosis es una enfermedad «benigna» me entra la risa. Aparentemente sí lo parece, de hecho, yo llevaba mucho tiempo sana, haciendo una vida relativamente normal, con molestias que podían pasar casi desapercibidas. Pero llegó un día, exactamente dos días antes de coger un avión para realizar el viaje de mis sueños y tenía cita con el urólogo, para una revisión sin importancia, creía yo. Finalmente, no cogí ese avión, lo que cogí fue una camilla directa al quirófano, pues mi riñón izquierdo estaba casi a punto de «explotar» debido a un quiste en el uréter que no le dejaba funcionar. La India debe esperar, me dijo el médico, y de consolación me llevé un catéter doble J para casa.

 

Me recuperé, superé esa tristeza e impotencia por no poder vivir el viaje que llevaba meses planeando, pero todo el mundo me decía: «siéntete afortunada Laura, te lo han pillado a tiempo y con el catéter vas a mejorar…». Me seguía autoengañando pensando que lo peor ya había pasado y que todo iría a mejor.

 

Después de este susto y disgusto, me hacen varias pruebas y definitivamente no me dan otra opción: hay que operar, tarde o temprano, porque los quistes están ya por todas partes (uréter, vejiga, intestino…).Decido esperar un poco para prepararme mental y emocionalmente, ya que estaba demasiado floja y no era momento para enfrentarme a una operación. Pero a mi  cuerpo le va la juerga y no quería esperar tanto, así que después de estar varios días con una supuesta infección de orina, dolores en el riñón y fiebre, por fin un médico me hizo caso después de 3 veces en urgencias y me confirma que tengo pelionefritis aguda, una infección en el riñón que se me había pasado ya a la sangre, presentando sepsis (respuesta inflamatoria del organismo ante una infección grave). Había que intervenir de urgencia y la única solución para salvarme la vida era hacer una NEFROSTOMIA (punzar el riñón para colocar un catéter con sonda y eliminar la orina infectada que había dentro). Al principio me opuse, no quería llevar una bolsa colgando de mi cuerpo, pero no había otra solución, estaba mucho más grave de lo que podía imaginar.

 

Después de 15 días ingresada y atiborrada de antibiótico, me voy a casa con mi bolsita…Sé que era algo temporal hasta que me operasen y me la pudieran quitar, pero se me cayó el mundo a los pies cuando tuve que ir a casa así, tan limitada y tan incómoda, avergonzada y triste, muy triste, pues fue la primera vez que sentí que la Endometriosis es algo más que un dolor de regla, la Endometriosis puede quitarte la vida si te descuidas.

 

A pesar de las molestias que ocasionaba la nefrostomia te acabas adaptando, porque si algo he aprendido estos meses, es a tener paciencia, adaptarme a cualquier cambio y superar los obstáculos que aparecen, que lo más importante es seguir, continuar, mantener la ilusión por vivir y mejorar. Y no iba a consentir que una bolsita me quitara esa ilusión, al revés, me enseñó a valorar las cosas desde otra perspectiva y a darme cuenta que lo más importante SOY YO y por supuesto, mi salud.

 

Justo un mes después, llegó el día de entrar a quirófano. Recuperada de la pelionefritis, animada y feliz de que llegara ese día, sin miedos y segura de que sería el inicio de una vida «nueva».

Después de 12 horas de operación, abro el ojo en la UVI y lo primero que hago es intentar mover una mano y palpar mi cuerpo; necesitaba tocar mi tripa y mis piernas para saber qué estaba entera! Mientras mis dedines rastreaban mi abdomen sentí algo raro, me paré en esa zona, a la derecha de mi ombligo, notaba un plástico extraño pegado…mi intuición me decía…sí, ahí está, lo que no querías que pasara, pasó, pero debido a la bomba de morfina que no paraba de disparar bolos cada 20 minutos, no era capaz de pensar con claridad y no quería ni imaginar que mis mayores temores se harían realidad, así que esperé hasta que escuché a una enfermera y solo fui capaz de preguntar :¿Oye esto de la tripa qué es?, y escuché lo que nunca hubiera querido escuchar: «llevas una ILEOSTOMÍA«.

Me quedé en estado de shock, lloré, me agobié, quería irme de allí y soñaba con que eso no hubiera ocurrido, que sería un efecto de los opiáceos, pero no, era real, habían tenido que cortar mi intestino en diferentes partes y necesitaba llevar una ileostomía por lo menos 3 meses.

 

Ahora, un mes y medio después de la operación, he de reconocer que tengo mucho cariño a mi bolsita, esta intervención me ha devuelto la salud, me ha dado vida, y eso es lo único importante. Las emociones al principio son difíciles de gestionar, esa mezcla de rabia, asco y vergüenza es un cóctel molotov para cualquier mente, pero se supera! Cuando te sucede algo malo, hay 3 opciones a elegir: dejas que te marque, que te destruya o que te fortalezca, y yo tenía claro que esta situación iba a ser para mí un tremendo APRENDIZAJE, y así está siendo, una experiencia enriquecedora a la vez que complicada, pero justo son éstas vivencias las que nos ayudan a crecer y a sacar lo mejor de nosotras.

 

Cada día tengo más claro que la endometriosis ha aparecido para ayudarme a ser la mejor versión de mí misma, me está ayudando a cambiar aspectos de mi vida que no me gustaban, me está enseñando a vivir con más intensidad, con más ganas y con más ilusión. Después de todo lo vivido en estos 4 meses (infecciones, nefrostomía, ileostomía…) me siento invencible, capaz de superarlo todo y hacer cualquier cosa, y eso se lo debo a la endometriosis.

Aunque a veces sea duro, porque lo es y mucho, intentar quedarse con lo bueno de una enfermedad es el primer paso que nos ayuda a estar más sanas, porque de todo se debe sacar el lado positivo, hasta la endometriosis lo tiene!

Termino con esta frase que refleja mi vida a la perfección:

«Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios»

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Tu vida es y será extraordinaria, con y sin endometriosis, sólo TÚ decides cómo vivirla 🙂

 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo 

 

 

 

 

 

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Alimentación Blog

Alimentación y dismenorrea

Si «te duele la regla», este artículo te interesa. Aunque parezca difícil, es importante que las mujeres seamos conscientes que para la dismenorrea (dolor menstrual) no sólo existen pastillas y calmantes, lo que siempre nos recomiendan los médicos, sino que cada mujer puede poner mucho de su parte para aliviar estas molestias.

 

A veces, estos dolores son tan fuertes que nos dejan bloqueadas, nos incapacitan y no nos dejan hacer una vida normal, posiblemente si esto te ocurre tengas alguna patología, como puede ser la endometriosis. Te aconsejo que si sufres fuertes dolores durante tu ciclo, sea en la fase que sea, acudas a un especialista para que te haga las pruebas adecuadas y consigas un diagnóstico.

 

En este post os voy a hablar de una pieza clave de la salud: la alimentación. Con una correcta alimentación, podemos prevenir enfermedades, aliviar la sintomatología de los trastornos ya presentes y en muchos casos llegar a sanar problemas de salud.

 

Los datos que comparto se basan en estudios contrastados y en experiencias de muchas mujeres que padecen dolores menstruales, pero es importante mencionar que no todas somos iguales y no a todas nos pueden servir estos consejos, pero de modo general, una dieta que ayude a disminuir la dismenorrea, se suele basar en lo siguiente:

  • Eliminar los producto lácteos: la explicación principal se debe a que la mayor parte de la leche se obtiene de vacas tratadas con hormonas de crecimiento. Estas vacas son más propensas a infecciones en las ubres y acaban necesitando antibióticos. Los residuos de las hormonas y los antibióticos podrían estimular el sistema hormonal femenino. Existen otros estudios donde relacionan la lactosa (azúcar de la leche) con un efecto tóxico en los ovarios y la aparición de cáncer en estos órganos.

 

  • Reduce o eliminar los carbohidratos refinados: el exceso de estos productos (pasteles, bollos, galletas, patatas fritas, etc) aumentan los niveles de azúcar y de insulina en la sangre, lo que tiene  por consecuencia la producción de prostaglandinas y prepara el escenario para dolores menstruales.

 

  • Limita el consumo de carne roja y yemas de huevo a no más de dos raciones por semana, ya que ambas son muy ricas en ácido araquidónico (AA), que provoca más inflamación celular y dolores uterinos en personas susceptibles. No todas las mujeres somos sensibles a este ácido, por lo que te aconsejo que elimines de la dieta estos productos unas semanas y hagas la prueba para saber si notas mejoría.

 

  • Toma ácidos grasos esenciales. Se ha demostrado que los ácidos grasos omega-3, en forma de aceite de pescado van muy bien para los dolores menstruales. Pescados como las sardinas, la caballa, el salmón y el pez espada son muy ricos en ácidos grasos saludables.

 

  • Semillas de lino molidas (añadirlas a las ensaladas, sopas, yogures, zumos…) dos cucharaditas al día es lo aconsejable.

 

  • Toma un suplemento vitamínico rico en vitaminas de grupo B, sobre todo que contenga vitamina B6, ya que se ha demostrado que esta vitamina disminuye la intensidad y duración de los dolores menstruales.

 

  • Toma magnesio, hasta 300 mg al día. Este mineral relaja los tejidos de los músculos lisos.

 

  • Toma 50 mg de vitamina E tres veces al día durante todo el ciclo. Se ha demostrado que esta vitamina mejora la dismenorrea.

 

  • Añade cúrcuma a tus comidas. Esta especia tiene la capacidad de regular la menstruación y aliviar los síntomas previos al período, como son los dolores en el vientre bajo o de cabeza.

 

Personalmente, estas pequeñas modificaciones en mi dieta, como afectada de dolores menstruales durante muchos años, me han ido muy bien. Si decides probar, pásate por el blog y cuéntame tu experiencia!

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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LAS LEYES MENTALES: Los 7 principios herméticos

Los principios herméticos son parte de las leyes que rigen la vida. Estas leyes explican cómo mantener en armonía toda la creación para el progreso y la felicidad de cada uno. Aunque existen muchas más leyes o principios, señalaremos los 7 principales.

  1. Principio de mentalismo: todo lo que existe es creado en tu mente (tu ropa, el coche que compras, tus hobbies, la comida…) todo ello ha sido originado en tu mente.Este principio enseña que todo lo que piensas se convierte en realidad y acontecerá en tu vida como lo hayas pensado. Todos somos dueños de  nuestra vida y destino. Como pienses, así serás. Recuerda: tú eres el único responsable de tu vida.
  1. Principio de correspondencia: este principio explica que si hay desarmonía en la mente la hay en el cuerpo. La mente rige al organismo. Si ésta se desarmoniza, el cuerpo enferma y se desequilibran todos los sistemas orgánicos y el mundo emocional.La pasión intensa, el odio, los celos, la ansiedad, la cólera…destruyen literalmente las células del cuerpo e inducen enfermedades.            “La salud es vivir en armonía con uno mismo”.

       3. Principio de vibración: todo está en constante progreso y transformación. Sólo cambia la vibración            y su grado de manifestación. Cuando piensas, sientes o deseas, tu alma y mente vibran. De acuerdo            con la calidad del sentimiento, pensamiento o deseo, son vibraciones buenas o malas, armónicas o            desarmonizantes, generadoras de salud o enfermedad.

  1. Principio de polaridad: todo posee su contrario, su contraparte (frío-calor, alto-bajo, día-noche…). La ley de polaridad nos enseña que hay que inclinarse hacia el lado más favorable para nosotros. Ante algo inevitable, si deseamos no empeorarlo, lo adecuado será aceptar la situación y adaptarse a la circunstancia. Conociendo que todo tiene dos polos, dos posibilidades, debemos aprender a escoger en la vida el que sea más favorable ¿En qué polo deseas estar: odio o amor, ignorancia o sabiduría, felicidad o desdicha, vanidad o humildad…?                                                         
  2. Principio del ritmo o ciclos: este principio nos explica que todo crece y decrece, todo asciende y desciende, todo marcha y regresa. Se observa fácilmente en el estado de ánimo, al pasar de la euforia a la apatía, de la alegría a la tristeza o en aquellos momentos en lo que todos nos sale bien y en otros todo lo contrario, sin causas aparentes. Lo adecuado sería formar un firme carácter, ideas y principios morales sólidos, o potenciar tu seguridad y autoestima.                                                                                                                                                                                                                                                                                      
  3. Principio de causa y efecto: este principio enseña que todo pensamiento tiene su propia influencia y atraerá hacia la mente el mismo tipo de energía que éste genere. Lo que deseamos para otras personas regresará, produciéndonos el mismo bien o mal que hayamos pensad, sentido o deseado. Tú eres el agricultor de tu vida: si tus pensamientos hacia ti son positivos, cosecharás salud, bienestar, éxito y felicidad. Si son negativos y eres malhumorado, violento o egoísta, recogerás desgracias y situaciones desagradables.                                                                                                              
  4. Principio de generación: este principio está relacionado con lo relativo a la unión y al equilibrio. Está ligado con el sexo entendiéndolo de la manera que debido a la unión de un carácter masculino y otro femenino, nace un nuevo ser. Este principio nos enseña a que eres libre a pensar como desees, pero que una vez que creas un pensamiento y reacciones a él, eres responsable de sus efectos.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

 

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¿Por qué soy psicóloga?

Muchas veces me hacen esta pregunta: ¿Por qué decidiste ser psicóloga?, y tengo muy claro porqué y es una reflexión que me apetece compartir con todos vosotros.

Mis padres dicen que me formé como psicóloga porque soy una cotilla y quiero enterarme siempre de todo. (No les falta razón, todo sea dicho), pero no fue el motivo principal que me enganchó a esta disciplina desde el primer día que pisé la facultad.

Soy psicóloga porque siempre me ha gustado escuchar y ayudar a los demás.

Soy psicóloga porque siento la necesidad de  cambiar todo lo que no me gusta y ayudar a que los demás lo cambien si es que no pueden o no saben cómo hacerlo.

Soy psicóloga porque me gusta hablar y usar mis palabras para intentar hacer felices a los demás, ayudarles, fortalecerles, aliviarles y comprenderles.

Soy psicóloga porque no hay experiencia más bonita que “tocar” los pensamientos, inquietudes, miedos, sentimientos, alegrías, dudas y secretos de los demás y enseñar a cómo moldearlos para que lo que hoy es un problema, mañana sea un aprendizaje.

Soy psicóloga porque he aprendido a escuchar sin juzgar, observar sin escandalizarme y creer siempre en el bien.

Soy psicóloga porque me gusta pensar que el día de mañana muchas personas me recordarán como aquella “amiga” que les ayudó a que se puede ser feliz y se pueden conseguir todos los sueños cuando consigues conocerte y aceptarte a ti mismo.

Ser psicóloga es tener una inmensa responsabilidad, ya que tienes el don para poder construir o destruir lo más valioso de las personas; pero ser psicóloga, por encima de todo, es un excelente privilegio. Ser psicóloga es mi vida, mi felicidad.

 

«He encontrado el significado de mi vida al ayudar a los demás a encontrar su significado»

-Viktor E. Frankl

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo 

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Libérate de la dependencia emocional

“Es lo mejor que me ha pasado nunca, es genial, es diferente al resto. Nos queremos un montón. ¿Por qué no me llama? ¿Qué estará haciendo? Creo que este regalo le va a encantar, tiene muy buen gusto. ¿Qué hago? ¿Le llamo? No me lo coge. ¿Dónde estará y con quién? Si me deja no sé qué haría, vamos es que me muero.

¿Te sientas identificado con varias de estas afirmaciones? Posiblemente seas emocionalmente dependiente. Pero exactamente, ¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional es uno de los problemas más frecuentes hoy en día en las relaciones personales. Intentando buscar un origen, tenemos que remontarnos a la infancia para entender el porqué nos enseñan para ser dependientes desde que somos niños. Nos enseñan a temer la soledad y aprender que sin amor no somos nada, por eso dedicamos mucho tiempo y energía en encontrar pareja, y cuando la tenemos tememos perderla, y nos aferramos a ella como si fuera una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

Por lo tanto, la dependencia emocional se aprende a través de la socialización y la cultura, y se mantiene debido a las inseguridades, los miedos y la soledad. Cuanto más solos estamos más necesitaremos tener una pareja y esa necesidad tiene sus peligros: elegir una pareja equivocada, permanecer años en una relación que no te hace feliz, autoengañarnos pensando que esa persona cambiará, vivir con miedo permanente a que nos dejen o desarrollar unos celos perturbadores que te amarguen la existencia.

Los aspectos más comunes que caracterizan a la dependencia emocional, son los siguientes:

  • Miedo al abandono: “Si me deja, me muero”. El dependiente emocional coloca en el centro de universo su relación de pareja, cuando ésta se tambalea por una posible ruptura o abandono, tiemblan los cimientos de su realidad.
  • Idealización: “Es increíble”. Vive como una fase de enamoramiento perpetuo y constante. El dependiente emocional exagera desmesuradamente las cualidades y aptitudes de su pareja.
  • Celos: “¿A quién miras?, ¿Con quién hablas?” Los celos son comunes en muchas relaciones, no es una característica exclusiva del dependiente emocional, pero estas personas, al centrar su vida en la relación y considerar a su pareja un ser exclusivo y supremo, esperan que su pareja haga lo mismo, lo cual genera mucha frustración.
  • Necesidad constante de proximidad: “Siempre juntos”. El dependiente necesita mostrar y recibir afecto, por eso siempre que puede buscará el contacto con su pareja, y cuando éste no sea físico, lo hará a través de llamadas, mensajes, emails…
  • Autoengaño: “Son cosas del amor”. La persona con dependencia emocional suele procesar de forma inconsciente aquella información coherente con su historia de amor. Por eso es normal que busque excusas para negar los conflictos que tiene con su pareja: humillaciones, mentiras, infidelidades…etc.

Para evitar la dependencia, es importante también construir relaciones equilibradas, y horizontales. En las relaciones de dependencia, tendemos a situar a la otra persona en un pedestal y a sentirnos inferiores a ella. Somos capaces de sacrificarnos por el otro, tratar de agradar continuamente, aguantar ciertas situaciones dolorosas, comportarnos con sumisión ante cualquier conflicto. Somos capaces, también, de asumir toda la carga doméstica, de crianza y educación para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparos por nuestra salud  y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder siempre o casi siempre, de darle todo el  poder a la otra persona para que permanezca junto a nosotros, para que no haya problemas, para que establezca las reglas del juego amoroso. Pero todo esto tiene un coste.

 

¿Qué hago si creo que soy dependiente emocional?

Es conveniente asumir un punto de vista realista sobre el otro/a, observando sus cualidades positivas y negativas. Debe aprenderse a amar desde el conocimiento y la aceptación, y no tanto desde la admiración. También es necesario no olvidarse de sí mismo y potenciar los espacios individuales o relacionales ajenos a la pareja. En este sentido, el trabajo para fortalecer la autoestima y autonomía de la persona es clave para lograr una mayor capacidad para establecer relaciones saludables. Es conveniente derribar el rol de víctima (cuando se da) y entender la responsabilidad compartida de los éxitos y fracasos afectivos. Asumir que se es parte activa en el desarrollo de la relación nos hace conscientes de que podemos tomar el control. Esta toma de conciencia posibilita el cambio de aquellos aspectos que suponen barreras y facilita el proceso para iniciar y mantener relaciones más satisfactorias.

 

El amor solo tiene sentido, si nos liberamos de los miedos, y amamos desde la libertad. Un amor no basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

Siendo consciente de aquello que nos limita a la hora de construir relaciones bonitas, será más fácil trabajar para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, para disfrutar de la vida tengamos o no pareja.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo 

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Las 7 claves de la resiliencia

Muchas son las personas que me preguntan: «¿Qué es la resiliencia?», una palabra que cada vez se oye pero de la que poco se conoce.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superarse ante la adversidad; es decir, cuando llega ese momento en el que pensamos que se nos cae el mundo a los pies y no encontramos una salida, pero aun así, somos capaces de seguir hacia delante por muy feas que se pongan las cosas, significa que somos resilientes. Las circunstancias difíciles o los traumas nos permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que desconocíamos hasta el momento.

Ser resiliente no significa no sentir malestar o dolor emocional. Situaciones como la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, la pérdida del trabajo, problemas financiero etc., son sucesos que tienen un gran impacto para nosotros, produciendo una sensación de inseguridad, incertidumbre y sufrimiento. Aun así, las personas logran, por lo general, sobreponerse a esos sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo.

El camino que lleva hacia la resiliencia no es un camino fácil, sino que implica un considerable estrés y malestar, a pesar del cual las personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la dificultad o tragedia que vivan en ese momento. Pero, ¿cómo lo hacen?

La clave está en considerar a los problemas como desafíos, oportunidades que nos permiten crecernos y sentirnos más fuertes, en vez de apreciarlos como impedimentos u obstáculos que limitan nuestra vida.

La resilencia no es algo que tenga o no tenga una persona, sino que es una  forma de pensar y una actitud que puede aprenderse y desarrollarse con el tiempo.

Hay una relación directa entre la autoestima y la resiliencia: cuanto más confíes en ti misma y más te valores, más fuerte te sentirás para superar cualquier situación.

¿Qué diferencia a una persona resiliente de otra qué no  lo es?

Las personas resilientes poseen tres características principales: saben aceptar la realidad tal y como es; tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido y tienen una enorme capacidad para mejorar.

Además, presentan las siguientes habilidades:

  • Saben identificar de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
  • Presentan una alta inteligencia emocional y son capaces de controlar sus emociones, sobre todo ante la adversidad, pudiendo permanecer tranquilos en situaciones de crisis.
  • Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
  • Son muy optimistas. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro y piensan que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
  • Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades.
  • Son empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
  • Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.

 

Si después de leer las características de las personas resilientes, has sentido que te gustaría desarrollar algunos aspectos que tú actualmente no posees, te muestro a continuación los que yo considero los 7 pilares fundamentales de la resiliencia. 7 prácticas que si acaban convirtiéndose en un hábito comprobarás cómo cada día eres más resiliente y por lo tanto, más feliz.

 

  1. Introspección: mira hacia dentro de tu estado mental; pregúntate y respondete de forma honesta y a la vez libre de prejuicios.
  2. Independencia: a veces es difícil saber establecer los limites entre uno mismo y los demás, pero es importante saber mantener la distancia en ocasiones al igual que evitar el aislamiento.
  3. Saber relacionarse: establece vínculos afectivos con los demás de una forma equilibrada y sana.
  4. Iniciativa: acepta retos y emprende proyectos nuevos, siempre y cuando sean metas asumibles y realistas.
  5. Humor: ríete de uno mismo e intenta encontrar la parte cómica a todo lo que te rodea. Es imprescindible tener una actitud sana ante las contrariedades de la vida y el humor nos la proporcionará.
  6. Creatividad: ten una actitud abierta para crear y organizar asumiendo el desorden cuando es evidente. No pasa nada por vivir momentos desordenados y caóticos, éstos son necesarios para que después prospere la creatividad.
  7. Autoestima sólida: nunca olvides cuidar tu autoestima, respétate y quiérete por encima de todo.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo