Endometriosis

Endometriosis: sexualidad y culpa

Publicado por en Ene 18, 2019 en Blog, Endometriosis, Psicología de la Mujer | 4 comentarios

Endometriosis: sexualidad y culpa

Qué levante la mano qué mujer no ha tenido nunca ningún conflicto con su sexualidad… La sexualidad es un área de la vida de la mujer que se puede ver afectada por muchos y muy diferentes motivos, tengas endometriosis o no. Pero con endometriosis, la cosa se complica un  poco más. Es muy normal escucharnos decir: «tengo dolor en las relaciones», cuando hacemos referencia a la dispareunia (dolor en la penetración), síntoma muy común debido al hipertono del suelo pélvico, inflamación, adherencias…etc. Pero no nos duelen «las relaciones», tener estas molestias no significa que no podamos practicar sexo, simplemente es que hay una práctica sexual que nos molesta: el coito. Debido a la educación que hemos recibido respecto a la sexualidad es común tener una visión reduccionista sobre ella (coitocentrismo), hasta tal punto que solo pensamos en una sexualidad: la masculina, olvidándonos de nosotras, de nuestros cuerpos  y de nuestro placer. Anteponemos su satisfacción a la nuestra y ahí es cuando comienzan los conflictos con nuestro bienestar físico y emocional. Las mujeres con endometriosis tenemos que lidiar con bastantes dificultades a lo largo del día y lo que no podemos permitir es que un área dedicada únicamente al disfrute y al gozo se convierta en un problema y en una fuente de presión y estrés. Si compartimos nuestra vida en pareja, tenemos el derecho de reclamar lo que deseamos, de ser asertivas sexualmente y decir NO si algo nos duele o no nos gusta, tenemos que expresar lo que sentimos en cada momento, merecemos ser escuchadas y respetadas  y sobretodo, atendidas y satisfechas . Y no, no estás obligada a realizar el coito si no te apetece, no eres menos mujer por no hacerlo y por supuesto, NO TIENES LA CULPA. La culpa, esa emoción que aparece cada vez que nuestras creencias nos recuerdan que no estamos haciendo «lo correcto». Nos echamos la culpa porque consideramos que si no le damos a esa persona lo que quiere, se irá, nos abandonará. Y de lo que no nos damos cuenta es que cuando hacemos algo que no deseamos, sino únicamente nos mueve la necesidad de satisfacer al otro, me estoy haciendo daño a mí. ¿Hasta qué punto nos compensa mantener a alguien en nuestra vida si para ello tengo que hacer cosas que no quiero? ¿Realmente esa persona te está respetando cuando consiente que realices determinadas prácticas que te duelen o no te gustan? Pues no. No compensa. Una mujer con endometriosis no elige tener dolores, ni elegimos pasar por quirófanos, ni tener dispareunia, ni estar cansadas, como tampoco elegimos tomar anticonceptivos que eliminan nuestra líbido. No es un capricho, es una enfermedad con la que tenemos que aprender a convivir y las personas que nos rodean, también. Tanto si se tiene pareja estable como si no, esto va a despertar muchos sentimientos tales como temor, inseguridad, frustración, tristeza, ansiedad. Es natural y saludable el necesitar encontrarse en el aspecto sexual-afectivo con la persona deseada para poder sentirse satisfecha en este área de la vida de la mujer. Entonces, ¿Cómo podemos vivir nuestra sexualidad sin sentirnos culpables? Cuando existe dolor físico es importante buscar cuales son las vías placenteras y de disfrute en la pareja que no impliquen dolor y que pueden dar satisfacción a las dos partes. Un camino común de redescubrimiento, sensibilidad y creatividad. La comunicación, el diálogo y la inteligencia emocional son recursos que deben estar presentes para poder disfrutar de una sexualidad plena. Pregunta, pide, expresa, pon límites. Lo que tú necesites en cada momento es lo que tienen que darte. Recuerda que el placer es cosa...

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Endometriosis: de la nefrostomía a la ileostomía

Publicado por en Abr 12, 2018 en Blog, Endometriosis | 6 comentarios

Endometriosis: de la nefrostomía a la ileostomía

Cuando leo o escucho que la Endometriosis es una enfermedad «benigna» me entra la risa. Aparentemente sí lo parece, de hecho, yo llevaba mucho tiempo sana, haciendo una vida relativamente normal, con molestias que podían pasar casi desapercibidas. Pero llegó un día, exactamente dos días antes de coger un avión para realizar el viaje de mis sueños y tenía cita con el urólogo, para una revisión sin importancia, creía yo. Finalmente, no cogí ese avión, lo que cogí fue una camilla directa al quirófano, pues mi riñón izquierdo estaba casi a punto de «explotar» debido a un quiste en el uréter que no le dejaba funcionar. La India debe esperar, me dijo el médico, y de consolación me llevé un catéter doble J para casa.   Me recuperé, superé esa tristeza e impotencia por no poder vivir el viaje que llevaba meses planeando, pero todo el mundo me decía: «siéntete afortunada Laura, te lo han pillado a tiempo y con el catéter vas a mejorar…». Me seguía autoengañando pensando que lo peor ya había pasado y que todo iría a mejor.   Después de este susto y disgusto, me hacen varias pruebas y definitivamente no me dan otra opción: hay que operar, tarde o temprano, porque los quistes están ya por todas partes (uréter, vejiga, intestino…).Decido esperar un poco para prepararme mental y emocionalmente, ya que estaba demasiado floja y no era momento para enfrentarme a una operación. Pero a mi  cuerpo le va la juerga y no quería esperar tanto, así que después de estar varios días con una supuesta infección de orina, dolores en el riñón y fiebre, por fin un médico me hizo caso después de 3 veces en urgencias y me confirma que tengo pelionefritis aguda, una infección en el riñón que se me había pasado ya a la sangre, presentando sepsis (respuesta inflamatoria del organismo ante una infección grave). Había que intervenir de urgencia y la única solución para salvarme la vida era hacer una NEFROSTOMIA (punzar el riñón para colocar un catéter con sonda y eliminar la orina infectada que había dentro). Al principio me opuse, no quería llevar una bolsa colgando de mi cuerpo, pero no había otra solución, estaba mucho más grave de lo que podía imaginar.   Después de 15 días ingresada y atiborrada de antibiótico, me voy a casa con mi bolsita…Sé que era algo temporal hasta que me operasen y me la pudieran quitar, pero se me cayó el mundo a los pies cuando tuve que ir a casa así, tan limitada y tan incómoda, avergonzada y triste, muy triste, pues fue la primera vez que sentí que la Endometriosis es algo más que un dolor de regla, la Endometriosis puede quitarte la vida si te descuidas.   A pesar de las molestias que ocasionaba la nefrostomia te acabas adaptando, porque si algo he aprendido estos meses, es a tener paciencia, adaptarme a cualquier cambio y superar los obstáculos que aparecen, que lo más importante es seguir, continuar, mantener la ilusión por vivir y mejorar. Y no iba a consentir que una bolsita me quitara esa ilusión, al revés, me enseñó a valorar las cosas desde otra perspectiva y a darme cuenta que lo más importante SOY YO y por supuesto, mi salud.   Justo un mes después, llegó el día de entrar a quirófano. Recuperada de la pelionefritis, animada y feliz de que llegara ese día, sin miedos y segura de que sería el inicio de una vida «nueva». Después de 12 horas de operación, abro el ojo en la UVI y lo primero que hago es intentar mover...

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Psicología y Endometriosis

Publicado por en Abr 22, 2015 en Blog, Endometriosis, Psicología de la Mujer | 27 comentarios

Psicología y Endometriosis

Endometriosis: una aportación desde la psicología clínica El presente artículo no es ni pretende ser un artículo científico. Lo que pretendo reflejar y expresar es una recopilación de experiencias personales, como afectada de Endometriosis, y datos recogidos de forma objetiva, todo ello relacionado con los aspectos psicológicos de la Endometriosis y sus síntomas. Escribo este artículo con la intención de transmitir y difundir la idea de lo importante que es una propuesta psicoterapéutica para todas las mujeres afectadas por la Endometriosis, partiendo de la evidencia de que los aspectos psicológicos son de suma importancia en el desarrollo y tratamiento de esta enfermedad, proporcionando un mayor bienestar a la persona. Si has empezado a leer este artículo seguramente seas al igual que yo, una mujer afectada de Endometriosis, o estás relacionada de forma directa o indirecta con esta enfermedad. También es muy probable, que como afectada, hayas probado diferentes formar de combatirla y no todas hayan sido especialmente satisfactorias. Enfrentarse a una enfermedad como la Endometriosis, actualmente sin cura, es de todo menos fácil. Asumir que se padece una enfermedad crónica es un proceso complejo que suele cursar diferentes fases: 1. Confusión e incertidumbre (¿Qué tengo?, ¿Qué me pasa? ¿Eso qué es?) 2. Desconcierto (¿Y ahora qué hago?) 3. Oposición y negación (El médico está exagerando, esto no es para tanto, en poco tiempo estoy curada…no necesito operarme…) 4. Tristeza y rabia (¿Por qué tiene que pasarme esto a mí?, no me lo merezco…) 5. Aceptación y adaptación (No voy a dejar que la endometriosis dirija mi vida) Seguramente hayas pasado por alguna o todas estas fases, y me gustaría qué pensaras en qué punto estás ahora mismo. ¿Has llegado al 5?, si es así, te felicito por haber conseguido controlar las consecuencias de la enfermedad y estar más cerca de tu bienestar psicológico; si todavía no has llegado a la aceptación y la adaptación, no te preocupes, lo conseguirás; asumir que padecemos una enfermedad tan “extraña”, crónica y dolorosa, no es fácil, y cada mujer necesita su tiempo. Como enferma, después de haber visitado varios médicos y especialistas, he llegado a una conclusión: el tratamiento global de la Endometriosis debería combinar diferentes áreas. a) Tratamiento farmacológico b) Tratamiento físico y rehabilitador (en muchos casos) c) Terapia psicológica d) Grupos de apoyo (para trabajar el ámbito social, relaciones interpersonales, sexualidad, etc) La Endometriosis es una enfermedad que altera y limita la vida de la mujer. Los dolores crónicos y fuertes que se padecen cada día impiden a menudo el poder llevar una vida laboral activa; las frecuentes consultas a los médicos suelen molestar a los jefes, y ni qué decir de si tienen que intervenir quirúrgicamente y estar un tiempo largo de baja (algo habitual en esta enfermedad); muchas son las mujeres que tienen problemas para conservar su puesto de trabajo u optar a uno. A parte del problema en el ámbito laboral, hay que sumar los problemas que surgen con la pareja, familia o amistades. Incomprensión, aislamiento, soledad, cansancio, frustración…son los sentimientos más frecuentes con los que las mujeres tienen que convivir cada día en un entorno no tan empático como desearíamos. Pero somos seres sociales y necesitamos desenvolvernos y adaptarnos a lo que nos rodea y entender y sobre todo saber explicar lo que nos pasa, y en eso no nos va ayudar ni las operaciones ni las hormonas, eso es un trabajo personal que debe realizar cada una. Entender la importancia de los aspectos psicológicos de la enfermedad, puede ayudarte a tener una mejor calidad de vida y un mayor bienestar general contigo misma. Por eso, para...

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