Salud Emocional

Las personas que disfrutan de una buena salud emocional tienen control sobre sus emociones y su comportamiento. Además, son capaces de manejar los desafíos de la vida, construir relaciones fuertes y recuperarse de los contratiempos.

Pero del mismo modo que se necesita esfuerzo para tener una buena salud física, también es necesario realizar un importante esfuerzo para tener una buena salud mental y emocional. Mejorar la salud emocional puede ser una experiencia gratificante y muy beneficiosa, en todos los aspectos de la vida.

 

Las emociones afectan a la salud física

Cuando estamos sometidos a una situación muy estresante, por ejemplo la muerte de un ser querido, nuestro sistema inmunológico se debilita y disminuyen nuestras defensas por lo que es más fácil que seamos más propensos a padecer gripes, catarros, enfermedades infecciosas, etc. Asimismo, nuestro sistema cardiovascular se encuentra afectado por un aumento de la presión arterial, lo que puede traducirse en que incrementemos nuestro riesgo de padecer una dolencia coronaria. Igualmente, a causa de nuestros problemas emocionales, nuestro sistema gastrointestinal va a segregar más ácidos gástricos, lo que es probable que derive en problemas digestivos que, si se cronifican, pueden terminar en reflujo, gastritis, úlcera, etc.

Por otra parte, las emociones también están íntimamente relacionadas con nuestro estilo de vida. Continuando con el ejemplo anterior, cuando estamos inmersos en una situación en la que nos sentimos muy estresados (un divorcio, un despido, etc.) es muy frecuente que incurramos en hábitos no saludables. Por ejemplo, el nerviosismo nos puede llevar a fumar más cigarrillos, darnos atracones de comida o consumir más bebidas alcohólicas para calmar la ansiedad, dejar de hacer ejercicio físico con regularidad porque no tenemos ganas, tomar más tazas de café de lo que es aconsejable, etc. Estos malos hábitos, junto con otros factores que acompañan al estrés como el insomnio y una alimentación desequilibrada, terminan también por hacer mella en nuestra salud física.

 

¿Cómo mejorar nuestra salud emocional?

1. Reconocer las emociones: Lo primero es reconocer lo que sentimos y comprender por qué lo sentimos. Descifrar las causas de nuestra tristeza o nuestra ira es imprescindible para que luego podamos gestionar de manera adecuada lo que condiciona nuestro estado de ánimo.

2. Aprender a expresar los sentimientos de manera adecuada: Si algunas actitudes de nuestros seres queridos nos están haciendo sentir mal, lo lógico es hacérselo saber a estas personas cercanas, pero de manera adecuada. Esto significa que debemos ser asertivos, debemos dejarnos de rodeos y expresar cómo nos sentimos y qué es lo que nos molesta, pero nunca ser agresivos con la otra persona, porque entonces se imposibilita cualquier posibilidad de diálogo.

3. Centrarse en las soluciones: Los problemas forman parte de la vida, de cualquier persona; pero también la búsqueda de soluciones. Superar las dificultades está estrechamente vinculado con nuestro desarrollo y crecimiento como persona. Para resolver los problemas lo mejor es adoptar una actitud proactiva, lo que significa tomar la iniciativa y actuar de manera creativa confiando en nosotros mismos. En este sentido, la salud emocional está relacionada de manera muy directa con el optimismo, la autoestima y la capacidad de encontrar soluciones imaginativas a los problemas.

4. Potenciar las relaciones positivas: Cuando los problemas se comparten, ‘pesan’ mucho menos. Por ello, resulta muy beneficioso para la persona cultivar las relaciones sociales y familiares. Siempre es más fácil resistir frente a las adversidades de la vida cuando formamos parte de una red tejida con vínculos afectivos que si permanecemos aislados.

5. Mantener una vida equilibrada: Para tener una buena salud emocional es importante alimentarse de manera saludable, mantener hábitos de descanso adecuados y realizar ejercicio de forma regular.

6. Aprender a relajarse: La buena salud emocional se pone de manifiesto por la capacidad para afrontar la vida con tranquilidad. Es necesario aprender a relajarse. En esto nos pueden ayudar la práctica de disciplinas como el yoga, la natación, la meditación zen… Es importante apoyarnos en alguna de estas actividades para equilibrar nuestro cuerpo, calmar nuestra mente y manejar nuestras emociones.