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Libérate de la dependencia emocional

“Es lo mejor que me ha pasado nunca, es genial, es diferente al resto. Nos queremos un montón. ¿Por qué no me llama? ¿Qué estará haciendo? Creo que este regalo le va a encantar, tiene muy buen gusto. ¿Qué hago? ¿Le llamo? No me lo coge. ¿Dónde estará y con quién? Si me deja no sé qué haría, vamos es que me muero.

¿Te sientas identificado con varias de estas afirmaciones? Posiblemente seas emocionalmente dependiente. Pero exactamente, ¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional es uno de los problemas más frecuentes hoy en día en las relaciones personales. Intentando buscar un origen, tenemos que remontarnos a la infancia para entender el porqué nos enseñan para ser dependientes desde que somos niños. Nos enseñan a temer la soledad y aprender que sin amor no somos nada, por eso dedicamos mucho tiempo y energía en encontrar pareja, y cuando la tenemos tememos perderla, y nos aferramos a ella como si fuera una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

Por lo tanto, la dependencia emocional se aprende a través de la socialización y la cultura, y se mantiene debido a las inseguridades, los miedos y la soledad. Cuanto más solos estamos más necesitaremos tener una pareja y esa necesidad tiene sus peligros: elegir una pareja equivocada, permanecer años en una relación que no te hace feliz, autoengañarnos pensando que esa persona cambiará, vivir con miedo permanente a que nos dejen o desarrollar unos celos perturbadores que te amarguen la existencia.

Los aspectos más comunes que caracterizan a la dependencia emocional, son los siguientes:

  • Miedo al abandono: “Si me deja, me muero”. El dependiente emocional coloca en el centro de universo su relación de pareja, cuando ésta se tambalea por una posible ruptura o abandono, tiemblan los cimientos de su realidad.
  • Idealización: “Es increíble”. Vive como una fase de enamoramiento perpetuo y constante. El dependiente emocional exagera desmesuradamente las cualidades y aptitudes de su pareja.
  • Celos: “¿A quién miras?, ¿Con quién hablas?” Los celos son comunes en muchas relaciones, no es una característica exclusiva del dependiente emocional, pero estas personas, al centrar su vida en la relación y considerar a su pareja un ser exclusivo y supremo, esperan que su pareja haga lo mismo, lo cual genera mucha frustración.
  • Necesidad constante de proximidad: “Siempre juntos”. El dependiente necesita mostrar y recibir afecto, por eso siempre que puede buscará el contacto con su pareja, y cuando éste no sea físico, lo hará a través de llamadas, mensajes, emails…
  • Autoengaño: “Son cosas del amor”. La persona con dependencia emocional suele procesar de forma inconsciente aquella información coherente con su historia de amor. Por eso es normal que busque excusas para negar los conflictos que tiene con su pareja: humillaciones, mentiras, infidelidades…etc.

Para evitar la dependencia, es importante también construir relaciones equilibradas, y horizontales. En las relaciones de dependencia, tendemos a situar a la otra persona en un pedestal y a sentirnos inferiores a ella. Somos capaces de sacrificarnos por el otro, tratar de agradar continuamente, aguantar ciertas situaciones dolorosas, comportarnos con sumisión ante cualquier conflicto. Somos capaces, también, de asumir toda la carga doméstica, de crianza y educación para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparos por nuestra salud  y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder siempre o casi siempre, de darle todo el  poder a la otra persona para que permanezca junto a nosotros, para que no haya problemas, para que establezca las reglas del juego amoroso. Pero todo esto tiene un coste.

 

¿Qué hago si creo que soy dependiente emocional?

Es conveniente asumir un punto de vista realista sobre el otro/a, observando sus cualidades positivas y negativas. Debe aprenderse a amar desde el conocimiento y la aceptación, y no tanto desde la admiración. También es necesario no olvidarse de sí mismo y potenciar los espacios individuales o relacionales ajenos a la pareja. En este sentido, el trabajo para fortalecer la autoestima y autonomía de la persona es clave para lograr una mayor capacidad para establecer relaciones saludables. Es conveniente derribar el rol de víctima (cuando se da) y entender la responsabilidad compartida de los éxitos y fracasos afectivos. Asumir que se es parte activa en el desarrollo de la relación nos hace conscientes de que podemos tomar el control. Esta toma de conciencia posibilita el cambio de aquellos aspectos que suponen barreras y facilita el proceso para iniciar y mantener relaciones más satisfactorias.

 

El amor solo tiene sentido, si nos liberamos de los miedos, y amamos desde la libertad. Un amor no basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

Siendo consciente de aquello que nos limita a la hora de construir relaciones bonitas, será más fácil trabajar para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, para disfrutar de la vida tengamos o no pareja.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo 

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Cómo terminar con una relación tóxica

A veces nos vinculamos con personas nocivas, que nos quitan energía y no nos ayudan a sentirnos bien, al contrario, nos dificultan avanzar en la vida. Rodearnos de estas personas nos intoxica de tal manera que nos sentimos incapaces de tomar decisiones y replantearnos qué es lo que queremos y necesitamos. Estas personas, muchas veces indirectamente y otras, directamente, poseen el control de nuestra conducta y nuestras emociones, y nos encontramos en una situación sin retorno, envueltos en una nube de fatiga y desgana.

Lo más difícil de todo es cuando nosotros mismos sabemos que debemos romper esta relación pero no encontramos la forma porque nos invade un sentimiento de culpa. La culpa nos paraliza, nos genera miedo, enfado y rabia con nosotros mismos y nos obliga a vivir insatisfechos.

Como indican los expertos, una relación tóxica es aquella en la que la pareja ya no funciona pero sus miembros insisten una y otra vez en mantener. Lo ideal antes de empezar una relación sería que te plantearas qué es lo que esperas de esa persona y qué es lo que quieres. Una vez tengas claro lo que deseas encontrar, piensa si esa persona que tienes a tu lado es la adecuada para hacerte feliz.

Una relación de pareja solo funcionará bien si ambos miembros admiten y aceptan su independencia y singularidad, respetando su entorno y su espacio. Si compartimos nuestra vida con una persona que no nos hace sentirnos bien, debemos pararnos y actuar antes de entrar en un círculo vicioso donde cada día que pase sea más difícil salir.

El autoconocimiento y el respeto hacia uno mismo es el primer paso hacia la elección de personas con las que nos queremos vincular de forma saludable, que permanecen en nuestra vida de forma desinteresada, que se alegrarán por nuestros logros y nos ayudarán en nuestros malos momentos. Potenciarán nuestras habilidades y nos aconsejarán a cómo superar las dificultades, siempre desde una crítica constructiva que nos ayude a mejorar. Y es que eso es lo que debemos hacer siempre en nuestra vida, mejorar y crecer.

Todos y cada uno de nosotros tenemos cosas buenas para dar y somos merecedores de recibirlas. No debemos permitir que aquellos que tienen miedo de ser superados y viven insatisfechos con ellos mismos, nos destruyan. El poder está en la mente y en saber decir “NO” a aquellos que solo nos complican la vida. Pacta contigo mismo y sé fiel a tus principios para mantener tu bienestar psicológico y por consiguiente, ser feliz.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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No estás sola

Hoy escribo para ti y por ti. Sí, me dirijo a ti. A esa persona que se levanta cada día con miedo, que vive asustada, que quiere escapar de esa horrible situación y no sabe cómo hacerlo. Me dirijo a esa persona que es dependiente y esclava de sus emociones, dudas y temores.

Te escribo a ti porque te entiendo y te comprendo. Hace unos años comenzaste una relación de pareja llena de sueños e ilusiones, tal y como empiezan todas. Te sentías única y especial, eras la princesa de ese cuento que siempre imaginaste vivir. Todo era idílico, tu príncipe era algo celoso y posesivo, pero según tú esos celos eran amor, y los tomabas como halagos y una  muestra de amor real hacia ti.

Esos celos iban convirtiéndose en amenazas, faltas de respeto e insultos, hasta que llegó ese día en el que recibiste ese primer golpe que sería el inicio del fin. El fin del respeto, el fin de la seguridad, el fin del amor. Tu cuento empezaría a partir de hoy a convertirse en una película de terror.

Estoy segura que cada golpe acababa con una frase parecida a:”Lo siento, es que te quiero demasiado y el miedo a perderte me vuelve loco… no volverá a suceder más, te lo prometo”. Cuando te dijo esto, seguramente tus emociones en ese momento serían de pena y culpa, haciéndote cuestionar que deberías haberte comportado mejor y así él no se enfadaría; lo que te llevaría a justificar sus celos enfermizos y su violencia.

Después del primer episodio agresivo, hay unos días de paz y amor donde vuelves a dejarte llevar por sus palabras y olvidas el incidente del otro día, pero la historia se vuelve a repetir, en forma de humillación, desprecio, insulto…y tú por no discutir y por miedo a recibir otro golpe, agachas la cabeza y en ese momento lo que haces sin darte cuenta, es normalizar esta situación sin darte cuenta que estás entrando en un infierno. Empiezas a pensar que esos insultos te los mereces, que si él se enfada es por tu culpa y que cada golpe que te da es por tu bien, para que no vuelvas a repetir eso que a él a no le gusta.

¿Y tú? ¿Dónde estás? Has empezado a vivir solo para él. Tú ya no te importas, te has desvalorizado tanto que te das igual. Ya no eres su pareja, eres su posesión. Para evitar sus celos, has dejado a tus amigas y a tu familia. Ya no trabajas, pues él no te deja hacerlo, solo quiere que estés en casa para él.

Dependes tanto de él, que él es la única persona con la que te relacionas, por eso sientes que es imposible llegar a la ruptura, tu mundo es él y crees que sin él no eres nadie. Y las humillaciones y agresiones no cesan, y tú no se lo cuentas a nadie. Te da vergüenza contárselo a la gente  y sobretodo no quieres escuchar que te digan: “sepárate”, “déjale”.  Sufres en silencio y acabas aceptando que es la vida que te ha tocado.

Las veces que has amenazado con dejarle, seguramente haya acabado en una paliza  o si tienes hijos, tienes miedo a que se vengue con ellos, y lo más normal que ocurra es que te haya amenazado a ti con que se suicida, porque sin ti no sabe vivir. Entonces de nuevo aparece esa culpa y esa pena que no te deja tomar decisiones y vuelves a pensar que te quiere, que todo lo que hace es por ti.

Si te has sentido identificada en alguna parte de este texto, pide ayuda. Rompe ese silencio, porque tu vida corre peligro. No es imposible salir de esta situación, hay muchas formas de hacerlo. Tienes la oportunidad y sobre todo tienes derecho a empezar desde cero y cambiar de vida. Existe una vida sin celos, sin miedo, sin dolor. Vuelve a recuperar tu identidad, vuelve a ser la mujer tan estupenda que has sido siempre. Déjale, denunciale y vuelve a ser feliz. La vida te está esperando. 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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Y ahora… ¿Qué?

Era una mañana normal de un día normal de una semana normal. Todo transcurría con normalidad y sobre todo una especial ilusión invadía la cabeza de todos: ¡Comienzan las vacaciones! Las maletas ya estaban cerradas y facturadas, los nervios a flor de piel y las cámaras de fotos con la batería bien cargada para no perderse ni un detalle del viaje que estaba a punto de empezar.

Llegó el momento de despegar, ya era cuestión de pocas horas para llegar al destino deseado y comenzar unos días de ensueño e inolvidables. Todo estaba saliendo perfecto hasta que ocurrió algo que jamás debería haber ocurrido… ilusiones, sueños, esperanzas, vidas…todo se destruyó, en cuestión de segundos, sin motivo ni razón.

 

En muy pocos días hemos sido testigos de tragedias horribles, todas aéreas, donde se han ido muchas vidas y muchas familias han quedado rotas para siempre. Con motivo de estos episodios, no he podido evitar reflexionar y pensar no sólo en los que se van, sino en los que se quedan.

Perder a un ser querido es la experiencia más difícil a la que todos en algún momento tenemos que enfrentarnos, y el proceso de duelo dependerá mucho de la forma en la que esa persona nos abandone.
Cuando se produce un suceso tan terrible e inesperado, no da tiempo ni a reflexionar ni a prepararnos. Llega y ya está. Todo sucede muy rápido. Siempre resulta “más fácil” adaptarse a un hecho que sabemos que va a ocurrir que algo que no esperamos. Esta pérdida produce un caos mayor, un dolor más profundo y una pregunta constante se repite continuamente: ¿Por qué?

Las muertes imprevistas llaman a las puertas de cualquiera: del niño y del adulto, del rico y del pobre, del ciudadano honesto y del delincuente, del santo y del pecador, del amigo y del enemigo. No hay distinciones, como si todos, ante el hecho inesperado, fuesen igualmente vulnerables, frágiles, incapaces de defenderse o de huir.
Sentimos entonces un desgarro profundo en el alma. Por lo inesperado del hecho. Por el afecto que sentíamos hacia una persona cercana o conocida. Por la ruptura radical que se impone en los lazos temporales.
Y entonces, ahora… ¿Qué? ¿Qué hacemos?

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Por un lado hay que afrontar la situación y los deberes inmediatos: llamadas, papeles, seguros, contactos…todo son prisas y rutinas frías, pero que nos hacen estar entretenidos y no pensar en lo que ha pasado.
Pero luego, cuando ese trajín frenético finaliza, llega el momento de enfrentarse al vacío interior y a esa herida en el alma tan profunda que no sabemos si seremos capaces de cicatrizar. Ahora queda un hueco en la cama, en la casa, en el trabajo, en nuestra vida. El mundo ya nunca será igual, por lo menos según nosotros. Nos resulta extraño ver cómo los demás siguen con sus rutinas y sus monotonías, cuando percibimos que ya todo es distinto.

Pero la pérdida de un ser querido debe de superarse, Cuando pierdes a alguien puede que te dejen de importar muchas cosas, pero necesitas cuidarte, no dejar de lado tu salud, la gente que te rodea debe procurarte. Trata de dormir y de comer muy bien para aguantar el sentimiento de tristeza profunda.

Quiero compartir con vosotros unas indicaciones que personalmente considero que son fundamentales para que sepamos superar tal pérdida:

– Acude y participa en los rituales funerarios, te ayudará a despedirte y sanar la herida. Seguramente tengas ganas de decir muchas cosas que no te han dado tiempo, así que exprésalas, no te las guardes para ti. Díselas.
Rodéate de sus pertenencias, fotos, ropa, objetos. Tendemos a evitar estas situaciones y guardar todo aquello que nos recuerde a esa persona, pero al revés, ten sus cosas contigo, te ayudará a sentirle cerca. Nunca dejes de pensar en esa persona, físicamente no está, pero siempre estará contigo.
Nunca te quedes con ninguna culpa dentro de ti. Escribe una carta expresando lo que sientes, pidiéndole perdón si así lo necesitas, dile todo lo que no te dio tiempo. Esta carta te ayudará muchísimo.

La vida cambia completamente cuando alguien se marcha, sin embargo, debes decidirte a aprender de esta experiencia. Cuando alguien nos deja, aprendes que tienes que vivir la vida hasta el último segundo, valorándola y sobre todo disfrutando de las personas a las que amas.

 

(En memoria de los fallecidos en el vuelo MH17 estrellado el día 17/07/2014)

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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El amor es anarquía

Ella estaba muy enamorada de él, le quería, le amaba, le necesitaba. Su vida cambió mucho desde que comenzó su relación de pareja. Ya no se sentía sola porque sabía que él siempre estaba allí.

Su mayor ilusión era hacer planes juntos y pasar tiempo a su lado. Lo demás era menos importante. Tenía muchos detalles con él, le regalaba la ropa que le gustaba, algunos de sus videojuegos favoritos y todos los fines de semana iban a cenar a algún sitio nuevo. Organizaba sus vacaciones siempre pensando en que él disfrutara, buscando algún  lugar romántico y tranquilo.

Él también era muy detallista con ella. La mimaba y la cuidaba mucho. La apoyaba cuando tenía problemas en el trabajo, la iba a buscar casi todos los días y daban largos paseos hablando de “sus cosas”. Estaba muy enamorado, y al igual que ella, la mayor ilusión de ambos era comenzar un futuro juntos y no muy tarde, formar una familia.

Pasó el tiempo, y esta pareja de enamorados sintieron cambios en su relación. Él ya no la llamaba tantas veces, ella dejó de sorprenderle con regalos, los paseos cada vez eran más cortos y las escapadas románticas se convirtieron en días aburridos con varias discusiones de por medio.

Todas esas promesas de estar “juntos para siempre” dejaron de tener valor. Todos los “TQ” que escribían en cada mensaje, quedaron en el olvido.

 

Seguramente mientras leías este relato te has sentido identificado en alguna descripción. Y posiblemente, casi todas las personas a la hora de afrontar un cambio, en este caso, una crisis de pareja, se hacen las mismas preguntas: ¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho mal? ¿Se apagó el amor? ¿Encontró a otra persona? ¿Por qué ya no me quiere?

Yo me hago las siguientes preguntas: ¿Qué ocurre con el amor? ¿Por qué a todos los mortales nos ocasiona tantos quebraderos de cabeza?

El principal problema es idealizar el amor. Es una de las grandes trampas y errores que ha cometido el ser humano en los últimos tiempos. La felicidad consiste en la administración inteligente del deseo. No hay que equivocarse con las expectativas y esperar de la relación afectiva lo justo. Todo tipo de promesas y compromisos para la “eternidad” que realizamos verbalmente, no son beneficiosos, porque cuando esa promesa no se cumple, duele mucho más una ruptura y cuesta mucho entender el porqué.

Hay personas adictas al amor, que necesitan ese subidón de energía del enamoramiento. Y no es extraño, porque cuando te enamoras te conviertes en la persona feliz que siempre has deseado ser. Sin embargo, idealizar el amor puede llevarte a necesitar ese estado permanente de enamoramiento que es imposible mantener en el tiempo. Por otra parte, idealizar a la persona de la que te has enamorado conlleva varios riesgos, como la dependencia, la obsesión y también la desilusión.

         El amor transforma la realidad

Sabemos bien cómo el amor es capaz de transformar la realidad. Cuando nos enamoramos tendemos a convertir a esa persona en un ser perfecto, magnificamos sus cualidades y sus virtudes. A veces, incluso nos inventamos un personaje totalmente distinto del que en realidad es, creándole a imagen y semejanza de ese ideal que siempre hemos deseado.

Poco importa que no sea real, porque en esos momentos la felicidad nos embarga y no estamos dispuestos a dejar escapar la oportunidad de disfrutar del hombre ideal todo el tiempo que podamos. Porque ese es el problema, el tiempo. Con el paso del tiempo el brillo de nuestro enamorado se va desluciendo y va apareciendo la realidad en forma de molestos comportamientos, defectos que antes no estaban y manías insoportables.

Muchas veces escucho la frase: “Es que ya no estamos como antes. Cuando le conocí era diferente”. ¿Por qué el enamoramiento tiene un tiempo determinado?

El enamoramiento humano es el mismo proceso que el cortejo que todas las especies animales llevan a cabo para conquistar a una pareja. La diferencia es que en otras especies dura unos minutos, horas o como mucho algunos días, y en la raza humana suele durar entre 12 y 18 meses. Toda etapa de cortejo se caracteriza por los mismos patrones: notable despliegue de energía, persecución obsesiva, protección posesiva de la pretendida pareja y estado de alerta hacia posibles rivales. ¿Os suena…? Seguro que sí.

En nuestro cerebro surgen cambios importantes cuando nos enamoramos. En concreto por la acción de la hormona Oxitocina. Esta hormona es capaz de alterar nuestro comportamiento, nos vuelve más cariñosos, nos ayuda a confiar más y actúa en la regulación de las emociones, activándose ciertas partes de nuestro cerebro relacionadas con el placer y la recompensa. Cuando los niveles de esta hormona son altos, es cuando estamos “pillados” por la otra persona; pero evidentemente, todo lo que sube, baja. Y entonces será el momento cuando esa pareja de tortolitos se empiecen a aburrir y dejen de llamarse tanto.

No quiero decir que las relaciones de pareja dependan de una hormona, pero sí que influye en nuestro estado de ánimo. Por eso es importante no idealizar el amor y sobre todo tener una buena estabilidad emocional, para que la acción de la Oxitocina no te vuelva loco/a  y puedas disfrutar de una relación sana y estable.

El amor es anarquía. No puede responder a ningún canon, ni tradición. Ni a lo que simplemente se espera de él.

Decepción, incomprensión, desánimo y desilusión son los sentimientos que aparecen una vez que termina el periodo de idealización.

Pero no intentes mantener el amor ficticio porque corres el riesgo de convertirte en una persona dependiente de ese supuesto amor perfecto. No es fácil competir con la perfección y si te encierras en la idea de que esa persona es maravillosa, tu propia personalidad quedará anulada por su excelencia. No te engañes, todos somos de carne y hueso, todos cometemos errores y tenemos defectos. Y a pesar de ellos, podemos seguir enamorados.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo