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¿Tengo hambre o tengo ansiedad?

Psiconutrición: cómo aprender a distinguir entre el hambre físico y el emocional.

 

El estado de ánimo influye en la forma de alimentarnos y, como prueba de ello, la comida se convierte en el refugio más fácil y accesible. Alimentos con un elevado contenido en grasas, azúcar y sal suponen el mejor consuelo. Por ello, la nutrición emocional busca, a través de habilidades psicológicas, aprender a distinguir entre el hambre físico y el que está marcado por la ansiedad o la apatía.

La acción de comer genera normalmente una sensación de bienestar, pero hay muchas ocasiones en las que comemos movidos por nuestras emociones, y no nuestras necesidades fisiológicas. El simple hecho de estar de buen humor o por el contrario, sentirnos mal por algo que nos ha ocurrido, va a determinar en la mayoría de las veces qué alimentos ingerimos. Cuando nuestro estado de ánimo es ansioso o negativo, existe cierta tendencia a buscar alivio o refugio en la comida. 

Seguramente a todxs nos ha pasado algo parecido: es viernes por la noche, estoy cansada de la semana dura de trabajo y además no tengo ningún plan porque mis amigos están fuera u ocupados con sus parejas, asi que decido quedarme en casa, ver una serie, pedir una pizza acompañada de un montón de chucherías, refrescos o alcohol, aún sabiendo que mañana me voy a levantar con dolor de tripa por comer tanta golosina, me da igual. ¿Os suena? 

Nuestra forma de comer se ve condicionada por el cerebro emocional. Muchas veces comemos para «anestesiarnos» en vez de alimentarnos. Desde que somos pequeñitos algo muy habitual es ser premiados o castigados con la comida, y el cerebro asimila esta información, la integra en la vida cotidiana especialmente cuando surgen dificultades.Cuando no sabemos cómo resolver nuestros problemas, pretendemos que la comida lo haga por nosotros.

 

Hambre emocional: la importancia de regular las emociones

Es importante que conozcamos que hay muchos alimentos que guardan una estrecha y directa relación con las emociones. Los alimentos con un gran aporte calórico, alto contenido en grasas y azúcares, son aquellos que suelen apetecernos más en momentos de euforia como en momentos más deprimidos. 

¿Pero por qué nos apetecen más estos alimentos y no otros? Porque en nuestro cerebro se activan los sistemas de recompensa, regulados por neurotransmisores que rápidamente activan una sensación placentera ante estos estímulos (chuches, chocolate, patatas fritas…). Cuando repetimos esta conducta con frecuencia, en algunas personas ocurren cambios bioquímicos permanentes que alteran y llegan a modificar la conducta alimentaria. 

Esta realidad cobra todavía más importancia cuando hay sobrepeso y la persona desea ponerse a dieta. El sobrepeso nos indica que hay «cosas no resueltas», pone de manifiesto que hay algo que sobra en nuestro cuerpo, de lo que debemos desprendernos. Por eso es importante detectar el hambre emocional, y darnos cuenta que estamos llenando con comida ciertas carencias emocionales o  conflictos afectivos.

La psiconutrición, disciplina que llevamos a cabo psicólogos y nutricionistas, consiste en equipar a la persona que está llevando a cabo un cambio en su hábito alimenticio, como una dieta de adelgazamiento, de herramientas psicológicas para no caer en la ingesta emocional y responder sólo a la fisiológica sin sufrimiento, ansiedad, y con calma.

 

Cuidado con la dieta y la restricción

Personalmente, el concepto «dieta» no me agrada. Se ha demostrado que lo más eficaz para producir un cambio saludable en la alimentación de una persona, es promover cambios en sus hábitos conductuales respecto a la comida y al ejercicio físico, respaldado todo ello con un apoyo emocional. Una dieta es algo limitado en tiempo y objetivos, pero un cambio de hábitos implica una modificación permanente en la conducta. 

Restringir alimentos, algo muy común en personas que realizan dietas de adelgazamiento, incrementa sensaciones de ansiedad y angustia, desembocando en un consumo de los mismos. Esto pasa con el azúcar, que influye en los estados depresivos formando un circulo vicioso. En las dietas restrictivas de azúcar e hidratos de carbono, generalmente se acaban produciendo «atracones» o se realizan los ahora llamados «cheat meal» (día de la semana que la persona a dieta come lo que le da la gana, especialmente grasas y azúcares). El peligro de estos atracones de azúcar es la descompensación hormonal que nos provoca, acentuando las emociones de culpa y tristeza. Este comportamiento repetido y sin control, es uno de los síntomas del trastornos alimenticio de la bulimia.

 

Todos los trastornos emocionales o psicológicos: ansiedad, estrés, miedo, depresión…repercuten en nuestra conducta alimentaria.

La comida puede convertirse en un alivio temporal a un problema, o una herida emocional mucho más profunda, pero mientras no sanemos esas heridas o resolvamos esos problemas por nosotrxs mismxs, seguirán ahí, la comida sólo los esconderá.

 

Por eso, es muy beneficioso contar con expertos en PSICONUTRICIÓN, profesionales de la psicología que podemos ayudarte a gestionar tus emociones y además, como nutricionistas que somos, contamos con un amplio conocimiento en comida y alimentación. Resolverás tus conflictos y dificultades y desarrollarás una conducta alimentaria saludable que te cambiará la vida. 

 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

 

 

 

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Libérate de la dependencia emocional

“Es lo mejor que me ha pasado nunca, es genial, es diferente al resto. Nos queremos un montón. ¿Por qué no me llama? ¿Qué estará haciendo? Creo que este regalo le va a encantar, tiene muy buen gusto. ¿Qué hago? ¿Le llamo? No me lo coge. ¿Dónde estará y con quién? Si me deja no sé qué haría, vamos es que me muero.

¿Te sientas identificado con varias de estas afirmaciones? Posiblemente seas emocionalmente dependiente. Pero exactamente, ¿Qué es la dependencia emocional?

La dependencia emocional es uno de los problemas más frecuentes hoy en día en las relaciones personales. Intentando buscar un origen, tenemos que remontarnos a la infancia para entender el porqué nos enseñan para ser dependientes desde que somos niños. Nos enseñan a temer la soledad y aprender que sin amor no somos nada, por eso dedicamos mucho tiempo y energía en encontrar pareja, y cuando la tenemos tememos perderla, y nos aferramos a ella como si fuera una botella de oxígeno, indispensable para nuestra supervivencia.

Por lo tanto, la dependencia emocional se aprende a través de la socialización y la cultura, y se mantiene debido a las inseguridades, los miedos y la soledad. Cuanto más solos estamos más necesitaremos tener una pareja y esa necesidad tiene sus peligros: elegir una pareja equivocada, permanecer años en una relación que no te hace feliz, autoengañarnos pensando que esa persona cambiará, vivir con miedo permanente a que nos dejen o desarrollar unos celos perturbadores que te amarguen la existencia.

Los aspectos más comunes que caracterizan a la dependencia emocional, son los siguientes:

  • Miedo al abandono: “Si me deja, me muero”. El dependiente emocional coloca en el centro de universo su relación de pareja, cuando ésta se tambalea por una posible ruptura o abandono, tiemblan los cimientos de su realidad.
  • Idealización: “Es increíble”. Vive como una fase de enamoramiento perpetuo y constante. El dependiente emocional exagera desmesuradamente las cualidades y aptitudes de su pareja.
  • Celos: “¿A quién miras?, ¿Con quién hablas?” Los celos son comunes en muchas relaciones, no es una característica exclusiva del dependiente emocional, pero estas personas, al centrar su vida en la relación y considerar a su pareja un ser exclusivo y supremo, esperan que su pareja haga lo mismo, lo cual genera mucha frustración.
  • Necesidad constante de proximidad: “Siempre juntos”. El dependiente necesita mostrar y recibir afecto, por eso siempre que puede buscará el contacto con su pareja, y cuando éste no sea físico, lo hará a través de llamadas, mensajes, emails…
  • Autoengaño: “Son cosas del amor”. La persona con dependencia emocional suele procesar de forma inconsciente aquella información coherente con su historia de amor. Por eso es normal que busque excusas para negar los conflictos que tiene con su pareja: humillaciones, mentiras, infidelidades…etc.

Para evitar la dependencia, es importante también construir relaciones equilibradas, y horizontales. En las relaciones de dependencia, tendemos a situar a la otra persona en un pedestal y a sentirnos inferiores a ella. Somos capaces de sacrificarnos por el otro, tratar de agradar continuamente, aguantar ciertas situaciones dolorosas, comportarnos con sumisión ante cualquier conflicto. Somos capaces, también, de asumir toda la carga doméstica, de crianza y educación para liberar al otro de sus responsabilidades, sin preocuparos por nuestra salud  y nuestra necesidad de descanso. Somos capaces de renunciar una y otra vez, de ceder siempre o casi siempre, de darle todo el  poder a la otra persona para que permanezca junto a nosotros, para que no haya problemas, para que establezca las reglas del juego amoroso. Pero todo esto tiene un coste.

 

¿Qué hago si creo que soy dependiente emocional?

Es conveniente asumir un punto de vista realista sobre el otro/a, observando sus cualidades positivas y negativas. Debe aprenderse a amar desde el conocimiento y la aceptación, y no tanto desde la admiración. También es necesario no olvidarse de sí mismo y potenciar los espacios individuales o relacionales ajenos a la pareja. En este sentido, el trabajo para fortalecer la autoestima y autonomía de la persona es clave para lograr una mayor capacidad para establecer relaciones saludables. Es conveniente derribar el rol de víctima (cuando se da) y entender la responsabilidad compartida de los éxitos y fracasos afectivos. Asumir que se es parte activa en el desarrollo de la relación nos hace conscientes de que podemos tomar el control. Esta toma de conciencia posibilita el cambio de aquellos aspectos que suponen barreras y facilita el proceso para iniciar y mantener relaciones más satisfactorias.

 

El amor solo tiene sentido, si nos liberamos de los miedos, y amamos desde la libertad. Un amor no basado en la dependencia es aquel en el que podemos querer sin perder nuestra personalidad, sin renunciar a nuestra autonomía, sin establecer relaciones de dominación y sumisión con la otra persona.

Siendo consciente de aquello que nos limita a la hora de construir relaciones bonitas, será más fácil trabajar para aprender a relacionarnos desde la libertad y no desde la necesidad, para aprender a disfrutar de la soledad y de la compañía, para disfrutar de la vida tengamos o no pareja.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo 

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Blog Desarrollo Personal Psicología Positiva

Conoce tus emociones

Las emociones forman parte de nuestro día a día, de nuestras rutinas y sin embargo, para la mayoría de nosotros pasan desapercibidas… Incluso, aun llegando al extremo, poco o nada nos detenemos para intentar averiguar que nos dicen.
Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso, o recuerdo importante. Es decir, las emociones siempre nos van a indicar algo, por lo tanto, deberíamos profundizar más en ellas. ¿Por qué no lo hacemos? En este artículo voy a hablaros sobre las emociones básicas y sus características.

“Hay que tener en cuenta que el impulso es el vehículo de la emoción y que la semilla de todo impulso es un sentimiento expansivo que busca expresarse en la acción.”
-Daniel Goleman-

ALEGRÍA
– La alegría es la emoción positiva que surge cuando algo bueno nos ocurre, cuando se produce un acontecimiento favorable que suele manifestarse con signos externos como la sonrisa, un buen estado de ánimo y el bienestar personal.
– Funciona como un motor que activa nuestros recuerdos y experiencias alegres, además mejora nuestra salud, pues provoca cambios hormonales reduciendo el estrés, mejorando la respuesta inmune.
– Nos facilita las relaciones sociales, pues cuando nos sentimos alegres somos personas más comunicativas, más solidarias y dinámicas. Todo ello consigue suavizar las emociones negativas: cuando sentimos alegría lo malo carece de valor.
– Lo mejor de la alegría es que se contagia y se transmite. Cuando estamos alegres nos gusta compartirlo con los demás, derrochando felicidad a nuestro alrededor.

“Sin la tristeza no seríamos capaces de sentir alegría.”

TRISTEZA
– La tristeza se caracteriza por un estado de ánimo que decae y hace que nuestra actividad mental se reduzca, reduciéndose también nuestras acciones y nuestra vitalidad.
– Estamos tristes cuando ocurre algo que hiere nuestros sentimientos: una pérdida, un rechazo, un fracaso… es decir, cuando nos sentimos dañados. Se puede tratar de una situación leve momentánea o puede ser una sensación intensa y más duradera, pero no podemos confundirlo con una depresión.
– Sentir tristeza nos impide normalmente el contacto social y relacionarnos con los demás de forma fluida y activa, solemos tener tendencia al aislamiento cuando estamos tristes, buscando así reflexionar sobre aquello que nos duele.
– A veces, cuando se repiten episodios de tristeza de forma continuada podemos llegar a experimentar lo que se llama “indefensión aprendida” que nos lleva a pensar que hagamos lo que hagamos todo seguirá saliendo mal.

“La tristeza también tiene su lado positivo: te hace reflexionar acerca de lo que realmente te importa.”

MIEDO
El miedo es la emoción que se produce por un peligro inminente que consideramos que puede dañarnos o dañar a personas de nuestro entorno.
– El miedo es la emoción más complicada y necesaria a la vez. Gracias al miedo las especies han podido sobrevivir, el miedo ha permitido al ser humano para huir o enfrentarnos ante algo que supone un peligro real para nuestra seguridad. Cuando sentimos miedo nos vemos obligados a tomar decisiones sobre qué situaciones queremos evitar.
– Lo malo del miedo es cuando aquello que tememos no es un peligro real, sino que se teme en base a la interpretación que hacemos sobre los acontecimientos. Nos proyectamos en futuro imaginado en el que las consecuencias de sentirlo serán negativas para nosotros. Cuando nos anticipamos y sentimos un miedo desmesurado hacia algo, sufrimos lo que se llama ansiedad.

“No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.”

IRA
La ira es una emoción negativa que aparece cuando nos enfrentamos a situaciones que consideramos frustrantes o dañinas para nuestra integridad o la de las personas que nos importan. Cuando sentimos ira nos sentimos amenazados y con ello sentimos la necesidad de defendernos.
– La ira nos lleva a tomar decisiones muchas veces inadecuadas. Cuando sentimos ira nos cuesta pensar racionalmente y el enfado nos ciega, expresando afectos negativos hacia el foco de nuestra frustración, ya sea una persona o una situación, sin haber reflexionado sobre ello previamente.
– Es la emoción más dañina tanto para nosotros como para los demás, lo ideal es aprender a detectarla y poder canalizarla, antes de convertirnos en una olla exprés a punto de explotar.
– Una persona que vive con ira es una persona infeliz que no es capaz de hacer feliz a los demás.

“No os entreguéis demasiado a la ira; una ira prolongada engendra odio.”

ASCO
El asco es la respuesta emocional que damos ante alguna cosa que no nos gusta, que nos resulta desagradable.
– Las respuestas de asco son muy intensas y características, es casi imposible disimular cuando algo nos produce asco.
– La función de supervivencia es la de protegernos ante una posible intoxicación o envenenamiento, pero cuando sentimos asco hacia algún alimento no tóxico suele estar relacionado con alguna mala experiencia previa que asociemos a ese alimento.
– No sólo sentimos asco por la comida o por olores de distintas sustancias, sino que las ideas morales que son desagradables para nosotros y las personas que las representan también nos producen esta emoción.

“El asco podría considerarse una emoción derivada de la propia civilización cuyo cometido es la protección y preservación de los valores culturales del momento”
Miller- 1997

SORPRESA
La sorpresa es un estado emocional resultado de un evento inesperado.
– Es la emoción más breve que se conoce. Se produce de una forma súbita ante una situación novedosa y desaparece con la misma rapidez que apareció. Además suele convertirse también rápidamente en otra emoción, la que sea congruente con el estímulo que desencadenó la sorpresa.
– La situación sucede con tanta rapidez que cuando nos vemos sorprendidos por algo tenemos muy baja capacidad de control y muy baja capacidad de predicción.
– La sorpresa prepara para afrontar de forma efectiva los acontecimientos repentinos e inesperados. Facilita procesos atencionales, las conductas de exploración y el interés o curiosidad por situaciones novedosas.

“La vida es la constante sorpresa de saber que existo.”

Con este texto me gustaría resaltar la importancia que tiene conocer nuestras emociones y tomarnos tiempo suficiente para atenderlas y entenderlas.
Tus emociones pueden ser tu gran fortaleza o por lo contrario tu gran debilidad. Si aprendes a conocerlas y a gestionarlas, serás un gran artífice de tu realidad: de tu felicidad.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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Blog Psicología clínica

Tratamiento psicológico en el dolor crónico

El dolor crónico es una de las peores condiciones a las que se tiene que enfrentar una persona. En esta entrada voy a hablar sobre los aspectos psicológicos en los que influye el dolor crónico y viceversa, aquellos que pueden incrementar el dolor, produciendo un sufrimiento mayor que el que corresponde al daño que provoca el dolor. Se mencionan también diversos círculos viciosos que incrementan el sufrimiento en el dolor y el tratamiento psicológico que los puede romper.

La comprensión científica del dolor va evolucionando rápidamente. Antes se pensaba que su presencia implicaba únicamente la existencia de un daño físico, sin embargo, actualmente la ciencia nos ha llevado a descubrir la importancia que tienen las consecuencias de la vivencia del dolor. Porque el dolor genera importantes reacciones emocionales que pueden potenciar el sufrimiento que lleva asociado.

Pero, además, si el dolor se hace crónico puede tener un impacto devastador en todos los aspectos vitales de la persona que lo sufre:

  • Socialmente, porque se tienen que disminuir las relaciones sociales con amigos y allegados.
  • Laboralmente, puede llegar a afectar a la capacidad de trabajar, produciendo un sentimiento de inutilidad y problemas económicos.
  • En las relaciones de familia y de pareja, porque no se pueden cumplir las expectativas de nuestros seres queridos.

Un dolor crónico llega a hacer que las personas se planteen el para qué y el por qué de la vida. Normalmente tenemos la experiencia de que el dolor es pasajero y controlable; pero cuando aparece un dolor resistente, que no se pasa, nuestra concepción del mundo se tambalea. Surge entonces la necesidad de construir una nueva en la que tenga sentido la existencia de un dolor que no se puede evitar y en la que podamos dar cabida a:

  • Sensaciones corporales incontrolables.
  • Limitaciones en la capacidad corporal.
  • Pérdida de contacto social.
  • Problemas laborales que pueden incluir incertidumbre económica, etc.

La labor del psicólogo se centra en trabajar terapéuticamente todos estos aspectos del dolor para mejorarlo y hacerlo más soportable.

Reacciones emocionales asociadas al dolor

El dolor tiene la función de avisarnos para que hagamos algo que consiga reparar el daño físico que pensamos que lo genera. El dolor es una sensación generalmente terrible y, como indicio de un mal, amenazante. Por eso, una reacción natural en el hombre es el miedo al dolor, un miedo que es adaptativo porque nos impulsa a evitarlo y eliminarlo.

Pero no siempre una reacción de miedo nos lleva a un comportamiento adecuado. Por ejemplo, para que no nos duela algo nos estamos quietos y dejamos de hacer muchas cosas que nos hacían la vida agradable, a veces más allá de lo estrictamente necesario. Otro ejemplo se da cuando el miedo al dolor nos puede hacer no acudir al dentista, lo que finalmente será causa de un mal mayor.

En el caso de un dolor crónico, nuestra lucha por evitar el dolor se convierte muchas veces en un esfuerzo inútil. El sentimiento de fracaso nos genera, primeramente impotencia y un estado de irritación que influye en nosotros y quienes nos rodean. Finalmente, cuando vemos que no es posible acabar para siempre con él, podemos caer en una depresión o al menos en un estado de ánimo deprimido que nos hace perder el sentido de la alegría.

La continuidad del dolor nos puede producir ansiedad social. Si nos impide nuestra actividad normal, puede llegar a generarnos un sentimiento de inutilidad y de no sentirnos necesarios. Si nos esforzamos en luchar contra ello y que nada cambie, podemos llegar a intentar mantener niveles de actividad similares a los que teníamos cuando no sentíamos dolor, muy por encima de nuestras posibilidades actuales.

Nos damos cuenta de que, además del daño físico, el dolor lleva asociados una serie de procesos psicológicos tan desagradables, duros y amenazantes como el propio dolor y que se unen indisolublemente a él. Para entender estos fenómenos hay que distinguir bien ente dolor y sufrimiento.

Círculos viciosos en el dolor crónico

Los intentos de eliminar el dolor crónico nos pueden llevar a entrar en círculos viciosos que no solamente no solucionan el problema, sino que lo empeoran. La ruptura de estos círculos es uno de los objetivos prioritarios de la intervención del psicólogo en el tratamiento del dolor.

La lucha contra el dolor se libra en nuestro propio cuerpo y en él generamos cambios para conseguir disminuirlo. Así, modificamos nuestra respiración, nuestra postura o incrementamos la tensión muscular lo que nos ayuda muchas veces a soportarlo. Pero cuando el dolor es crónico estas conductas mantenidas largo tiempo acaban incrementando el problema y amplían el impacto del dolor, así nos aparecen contracturas musculares y problemas de dolor en zonas cercanas. Son reacciones automáticas; pero no por ello menos dañinas. Intentan controlar el dolor, pero en realidad nos lo producen más, entrando en un círculo vicioso del que es difícil salir.

También hemos visto como una lucha que fracasa contra el dolor crónico nos lleva a un estado de ansiedad y de depresión que a su vez potencian las sensaciones dolorosas, porque nuestro estado las hace más insoportables con lo que el dolor aumenta y hace que nos esforcemos más y que el fracaso sea más importante. Estableciéndose así otro círculo vicioso.

A veces el dolor tiene ganancias secundarias cuando nos evita hacer determinadas cosas que no nos gustan o conseguimos atención de las personas queridas. Pero estas “ganancias” son una trampa mortal, porque están deteriorando nuestras capacidades personales y limita nuestras relaciones personales de manera determinante. Además, no nos permiten olvidar el dolor y dedicarnos a otra cosa y por tanto nos impiden superarlo.

Los cambios sociales derivados de nuestra nueva situación incrementan notablemente el estrés. Si queremos mantener nuestra actividad necesitamos más esfuerzo. Si no lo hacemos podemos perder nuestra posición económica, pero los esfuerzos más allá de nuestras capacidades nos llevan al incremento del dolor en un círculo vicioso adicional.

Si no encontramos remedio a nuestro dolor porque la ciencia y la medicina son limitadas, la búsqueda de una vida sin dolor nos puede llevar a abandonar un tratamiento adecuado y de nuevo nuestro afán por mejorar nos lleva a empeorar.

El psicólogo en el tratamiento del dolor crónico

El problema no es que haya dolor crónico, sino que éste arruine nuestra vida ocasionándonos problemas de pareja, de trabajo, de amistades y tiempo libre, de ansiedad, depresión, insomnio, etc. y que lo haga porque hemos caído en alguno de los círculos viciosos que se han señalado.

Para salir de esos círculos hay que darse cuenta que estamos ante una situación que no se puede cambiar y que la aceptación es el único camino:

  • Aceptación es no hacer nada para evitar, dejar de hacer todo lo que no sirve: desmontar los círculos viciosos y potenciar el tratamiento médico adecuado.
  • Aceptar es abrirnos a experimentar los sucesos y las sensaciones completamente, plenamente y en el presente, como son y no como tememos que sean.
  • Aceptar es tomar conciencia de las limitaciones que conlleva el dolor crónico.
  • La aceptación abre el camino al compromiso, a seguir haciendo aquello para lo que valemos de acuerdo a nuestras capacidades, aunque esto signifique que tengamos que adecuar nuestras metas a nuestras capacidades limitadas por un dolor crónico.
  • Aceptar no es quedarse con el sufrimiento que se tiene, la aceptación disminuye el sufrimiento e incluso inicia el proceso psicofisiológico de la habituación, por el que el dolor se hace más tolerable porque nos habituamos a él. Habituándonos a las sensaciones disminuye la ansiedad, el miedo y la depresión, tendremos menos sensaciones asociadas al dolor y continuaremos comprometidos con un nuevo papel social con valores propios

Si su dolor tiene un componente psicológico

Todo dolor tiene un componente psicológico. De hecho la definición dada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor es:

“El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con una lesión presente o potencial o descrita en términos de la misma”.

Y en ella se incluye de forma explícita el componente emocional, y por tanto psicológico.
Pero cuando alguien nos dice que nuestro dolor tiene un componente psicológico nos están transmitiendo connotaciones negativas e ideas erróneas.

  • Parece que implica que no es real, que solamente está en nuestra cabeza, pero el sufrimiento psicológico es peor que el físico y tan real como él. Se siente en el cuerpo con tanta intensidad o más que el dolor asociado a un daño físico.
  • Parece que estuviera en nuestras manos quitárnoslo, que solamente hace falta querer, “fuerza de voluntad”. Pero hemos visto que no se puede luchar por las buenas contra el dolor y menos todavía contra la componente psicológica del dolor. Que es un proceso complejo que pasa por la aceptación de algo tan desagradable y amenazante como el dolor crónico lo que nos coloca ante retos personales trascendentes que pueden necesitar un trabajo terapéutico profundo.

Pero aceptar el dolor, abrirnos a su experiencia es muy duro y puede precisar de una terapia psicológica. Supone que la persona tiene que incorporar en su propio autoconcepto la nueva incapacidad de controlar el dolor y las limitaciones que tiene y pese a ello encontrar un sentido a su vida. Por eso la terapia de aceptación y compromiso proporciona una visión más amplia del mundo en la que cabe la inevitabilidad del dolor.

Hoy día la terapia psicológica cognitivo conductual tiene suficientes herramientas para poder enfrentarse con éxito a esos problemas. Son técnicas que han mostrado su eficacia de forma científica. Por citar algunas:

  • La relajación y el biofeedback nos enseñan a dejar tensiones dañinas en nuestro cuerpo. La meditación junto con la relajación, la respiración y el biofeedback nos permite no seguir automáticamente nuestros impulsos que nos llevan a caer en uno de los círculos viciosos.
  • Distraerse del dolor es un consejo muy a mano; pero realizarlo no es nada fácil y puede ser necesario un entrenamiento profundo que requiere técnicas especiales.
  • Las técnicas cognitivas como la reestructuración, la terapia racional emotiva, etc. nos ayudan a enfrentarnos con nuestros pensamientos y sentimientos de forma racional y de manera más eficaz.
  • Las técnicas operantes de potenciación de actividades permiten recuperar al límite actual nuestras capacidades.
  • La hipnosis es otra herramienta que incide directamente en los mecanismos psicológicos de percepción del dolor.
  • Las técnicas de asertividad y el entrenamiento en habilidades sociales permiten enfrentar los cambios sociales derivados de las nuevas limitaciones asociadas al dolor crónico.

La psicoterapia cognitivo conductual ha demostrado científicamente su eficacia en el tratamiento del dolor crónico por medio de ensayos clínicos controlados. También ha demostrado ser el tratamiento de elección en problemas de ansiedad y depresión, que son consecuencia del dolor y a su vez incrementan sus efectos.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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Cómo terminar con una relación tóxica

A veces nos vinculamos con personas nocivas, que nos quitan energía y no nos ayudan a sentirnos bien, al contrario, nos dificultan avanzar en la vida. Rodearnos de estas personas nos intoxica de tal manera que nos sentimos incapaces de tomar decisiones y replantearnos qué es lo que queremos y necesitamos. Estas personas, muchas veces indirectamente y otras, directamente, poseen el control de nuestra conducta y nuestras emociones, y nos encontramos en una situación sin retorno, envueltos en una nube de fatiga y desgana.

Lo más difícil de todo es cuando nosotros mismos sabemos que debemos romper esta relación pero no encontramos la forma porque nos invade un sentimiento de culpa. La culpa nos paraliza, nos genera miedo, enfado y rabia con nosotros mismos y nos obliga a vivir insatisfechos.

Como indican los expertos, una relación tóxica es aquella en la que la pareja ya no funciona pero sus miembros insisten una y otra vez en mantener. Lo ideal antes de empezar una relación sería que te plantearas qué es lo que esperas de esa persona y qué es lo que quieres. Una vez tengas claro lo que deseas encontrar, piensa si esa persona que tienes a tu lado es la adecuada para hacerte feliz.

Una relación de pareja solo funcionará bien si ambos miembros admiten y aceptan su independencia y singularidad, respetando su entorno y su espacio. Si compartimos nuestra vida con una persona que no nos hace sentirnos bien, debemos pararnos y actuar antes de entrar en un círculo vicioso donde cada día que pase sea más difícil salir.

El autoconocimiento y el respeto hacia uno mismo es el primer paso hacia la elección de personas con las que nos queremos vincular de forma saludable, que permanecen en nuestra vida de forma desinteresada, que se alegrarán por nuestros logros y nos ayudarán en nuestros malos momentos. Potenciarán nuestras habilidades y nos aconsejarán a cómo superar las dificultades, siempre desde una crítica constructiva que nos ayude a mejorar. Y es que eso es lo que debemos hacer siempre en nuestra vida, mejorar y crecer.

Todos y cada uno de nosotros tenemos cosas buenas para dar y somos merecedores de recibirlas. No debemos permitir que aquellos que tienen miedo de ser superados y viven insatisfechos con ellos mismos, nos destruyan. El poder está en la mente y en saber decir “NO” a aquellos que solo nos complican la vida. Pacta contigo mismo y sé fiel a tus principios para mantener tu bienestar psicológico y por consiguiente, ser feliz.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

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Blog Desarrollo Personal Psicología de la Mujer

No estás sola

Hoy escribo para ti y por ti. Sí, me dirijo a ti. A esa persona que se levanta cada día con miedo, que vive asustada, que quiere escapar de esa horrible situación y no sabe cómo hacerlo. Me dirijo a esa persona que es dependiente y esclava de sus emociones, dudas y temores.

Te escribo a ti porque te entiendo y te comprendo. Hace unos años comenzaste una relación de pareja llena de sueños e ilusiones, tal y como empiezan todas. Te sentías única y especial, eras la princesa de ese cuento que siempre imaginaste vivir. Todo era idílico, tu príncipe era algo celoso y posesivo, pero según tú esos celos eran amor, y los tomabas como halagos y una  muestra de amor real hacia ti.

Esos celos iban convirtiéndose en amenazas, faltas de respeto e insultos, hasta que llegó ese día en el que recibiste ese primer golpe que sería el inicio del fin. El fin del respeto, el fin de la seguridad, el fin del amor. Tu cuento empezaría a partir de hoy a convertirse en una película de terror.

Estoy segura que cada golpe acababa con una frase parecida a:”Lo siento, es que te quiero demasiado y el miedo a perderte me vuelve loco… no volverá a suceder más, te lo prometo”. Cuando te dijo esto, seguramente tus emociones en ese momento serían de pena y culpa, haciéndote cuestionar que deberías haberte comportado mejor y así él no se enfadaría; lo que te llevaría a justificar sus celos enfermizos y su violencia.

Después del primer episodio agresivo, hay unos días de paz y amor donde vuelves a dejarte llevar por sus palabras y olvidas el incidente del otro día, pero la historia se vuelve a repetir, en forma de humillación, desprecio, insulto…y tú por no discutir y por miedo a recibir otro golpe, agachas la cabeza y en ese momento lo que haces sin darte cuenta, es normalizar esta situación sin darte cuenta que estás entrando en un infierno. Empiezas a pensar que esos insultos te los mereces, que si él se enfada es por tu culpa y que cada golpe que te da es por tu bien, para que no vuelvas a repetir eso que a él a no le gusta.

¿Y tú? ¿Dónde estás? Has empezado a vivir solo para él. Tú ya no te importas, te has desvalorizado tanto que te das igual. Ya no eres su pareja, eres su posesión. Para evitar sus celos, has dejado a tus amigas y a tu familia. Ya no trabajas, pues él no te deja hacerlo, solo quiere que estés en casa para él.

Dependes tanto de él, que él es la única persona con la que te relacionas, por eso sientes que es imposible llegar a la ruptura, tu mundo es él y crees que sin él no eres nadie. Y las humillaciones y agresiones no cesan, y tú no se lo cuentas a nadie. Te da vergüenza contárselo a la gente  y sobretodo no quieres escuchar que te digan: “sepárate”, “déjale”.  Sufres en silencio y acabas aceptando que es la vida que te ha tocado.

Las veces que has amenazado con dejarle, seguramente haya acabado en una paliza  o si tienes hijos, tienes miedo a que se vengue con ellos, y lo más normal que ocurra es que te haya amenazado a ti con que se suicida, porque sin ti no sabe vivir. Entonces de nuevo aparece esa culpa y esa pena que no te deja tomar decisiones y vuelves a pensar que te quiere, que todo lo que hace es por ti.

Si te has sentido identificada en alguna parte de este texto, pide ayuda. Rompe ese silencio, porque tu vida corre peligro. No es imposible salir de esta situación, hay muchas formas de hacerlo. Tienes la oportunidad y sobre todo tienes derecho a empezar desde cero y cambiar de vida. Existe una vida sin celos, sin miedo, sin dolor. Vuelve a recuperar tu identidad, vuelve a ser la mujer tan estupenda que has sido siempre. Déjale, denunciale y vuelve a ser feliz. La vida te está esperando. 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo