Categorías
Blog Desarrollo Personal

Cómo terminar con una relación tóxica

A veces nos vinculamos con personas nocivas, que nos quitan energía y no nos ayudan a sentirnos bien, al contrario, nos dificultan avanzar en la vida. Rodearnos de estas personas nos intoxica de tal manera que nos sentimos incapaces de tomar decisiones y replantearnos qué es lo que queremos y necesitamos. Estas personas, muchas veces indirectamente y otras, directamente, poseen el control de nuestra conducta y nuestras emociones, y nos encontramos en una situación sin retorno, envueltos en una nube de fatiga y desgana.

Lo más difícil de todo es cuando nosotros mismos sabemos que debemos romper esta relación pero no encontramos la forma porque nos invade un sentimiento de culpa. La culpa nos paraliza, nos genera miedo, enfado y rabia con nosotros mismos y nos obliga a vivir insatisfechos.

Como indican los expertos, una relación tóxica es aquella en la que la pareja ya no funciona pero sus miembros insisten una y otra vez en mantener. Lo ideal antes de empezar una relación sería que te plantearas qué es lo que esperas de esa persona y qué es lo que quieres. Una vez tengas claro lo que deseas encontrar, piensa si esa persona que tienes a tu lado es la adecuada para hacerte feliz.

Una relación de pareja solo funcionará bien si ambos miembros admiten y aceptan su independencia y singularidad, respetando su entorno y su espacio. Si compartimos nuestra vida con una persona que no nos hace sentirnos bien, debemos pararnos y actuar antes de entrar en un círculo vicioso donde cada día que pase sea más difícil salir.

El autoconocimiento y el respeto hacia uno mismo es el primer paso hacia la elección de personas con las que nos queremos vincular de forma saludable, que permanecen en nuestra vida de forma desinteresada, que se alegrarán por nuestros logros y nos ayudarán en nuestros malos momentos. Potenciarán nuestras habilidades y nos aconsejarán a cómo superar las dificultades, siempre desde una crítica constructiva que nos ayude a mejorar. Y es que eso es lo que debemos hacer siempre en nuestra vida, mejorar y crecer.

Todos y cada uno de nosotros tenemos cosas buenas para dar y somos merecedores de recibirlas. No debemos permitir que aquellos que tienen miedo de ser superados y viven insatisfechos con ellos mismos, nos destruyan. El poder está en la mente y en saber decir “NO” a aquellos que solo nos complican la vida. Pacta contigo mismo y sé fiel a tus principios para mantener tu bienestar psicológico y por consiguiente, ser feliz.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

Categorías
Blog Desarrollo Personal

Déjame ser libre

La libertad, como concepto abstracto, supone una capacidad infinita de elección, sin que ésta se lleve a cabo bajo la presión de necesidades personales o de otros factores y circunstancias que puedan determinar la decisión final en un sentido o en otro. Cuando nos referimos a la libertad humana, lo hacemos en un sentido relativo, ya que el ser humano se encuentra limitado por su propia naturaleza. Cuando toma una decisión, lo hace dentro de un campo restringido de posibilidades, ya que muchas otras le resultan inaccesibles, y además, lo hace más o menos influido por factores internos y externos. La libertad es entonces para el hombre un bien a alcanzar. Se puede conseguir ser más libre cada día o aumentar los niveles individuales de libertad, al fin y al cabo, la libertad es una sensación que percibimos dentro de nosotros mismos, totalmente subjetiva y personal.

Desde el punto de vista de la psicología y psicopatología la cuestión de la libertad está íntimamente vinculado al del autodominio y a la salud psicológica. El autodominio implica ser señores de nosotros mismos, como decía Séneca, ser capaces de gobernarnos, de hacer lo que verdaderamente deseamos a medio y largo plazo, a pesar de que para lograrlo tengamos que renunciar a cosas más atractivas en ese momento o hacer un gran esfuerzo. Esto no resulta siempre fácil, sino todo lo contrario. Implica el control de los impulsos, tendencias, necesidades instintivas, etc., además de una alta capacidad de juicio crítico que nos facilite ver con claridad la situación en que nos encontramos al margen de todas las influencias a las que inevitablemente nos vemos sometidos por el medio ambiente en que nos desenvolvemos. La voluntad, por lo tanto, sería una herramienta imprescindible del hombre libre, ya que sin ella, éste no es capaz de llevar a cabo las acciones que se propone, siendo vencido en su empresa por la incapacidad de realizar un esfuerzo o por la dependencia que mantiene con necesidades a las que no es capaz de renunciar.

Ser libre no significa poder hacer o decir lo que una persona quiere cuando quiere, porque eso sería libertinaje, tampoco la libertad quiere decir liberarse de alguien, de una situación o de algo en particular.

La libertad bien entendida es para poder realizarse como personas individuales, para desarrollar el potencia, para ser quien uno es. La libertad es para elegir actuar de acuerdo al propio criterio, teniendo en cuenta las consecuencias de los dichos y de los actos.

La verdadera libertad consiste en ser dueño de sí mismo y tomar decisiones por propia convicción, sin dejarse influenciar ni presionar por los deseos de otros; y tiene un coste, que es la responsabilidad de hacerse cargo de lo que se elige, porque cada elección nos compromete para siempre.

Todo ser humano anhela ser libre, sin embargo, la paradoja es que la mayoría vive pendiente de lo que hacen y dicen los demás y abandonan su deseo de libertad por la satisfacción de ser aceptado, adoptando conductas y proyectos ajenos.

El ansia de libertad está en todos los individuos y se manifiesta en algún momento de sus vidas. Es en esos momentos cuando se puede tomar conciencia de que es en esas circunstancias cuando uno se puede sentir realmente vivo, que su vida tiene sentido y que el mundo lo acompaña en su propósito.

El problema de la libertad es que está condicionada por la libertad de los otros; ya que la propia libertad puede ser un obstáculo para otros, haciendo que mi libertad termine donde comienza la libertad de los demás.

«La libertad significa responsabilidad, es por eso que muchos hombres la ignoran» (George Bernard Shaw)

Quizá la frase de Bernard tenga toda la razón. Muchas personas recorren el mundo buscando excusas para explicar sus frustraciones: no les dejaron desarrollar su potencial, no encontraron un trabajo mejor por mala suerte, no tuvieron hijos porque no acertaron en el amor, y así para todo. Circulan por la vida con una mochila llena de sueños que nunca se atreverán a cumplir.

Lo que nos define es lo que hacemos, nuestra obra y nuestras conducta es lo que da sentido a la vida y a lo que somos. Si quieres ser libre, háblate a ti mismo y escúchate sin hipocresía, porque sólo siendo consciente de quién eres conseguirás ser más auténtico y un poquito más libre cada día.

«No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente» (Virginia Woolf)

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo