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Endometriosis: de la nefrostomía a la ileostomía

Cuando leo o escucho que la Endometriosis es una enfermedad «benigna» me entra la risa. Aparentemente sí lo parece, de hecho, yo llevaba mucho tiempo sana, haciendo una vida relativamente normal, con molestias que podían pasar casi desapercibidas. Pero llegó un día, exactamente dos días antes de coger un avión para realizar el viaje de mis sueños y tenía cita con el urólogo, para una revisión sin importancia, creía yo. Finalmente, no cogí ese avión, lo que cogí fue una camilla directa al quirófano, pues mi riñón izquierdo estaba casi a punto de «explotar» debido a un quiste en el uréter que no le dejaba funcionar. La India debe esperar, me dijo el médico, y de consolación me llevé un catéter doble J para casa.

 

Me recuperé, superé esa tristeza e impotencia por no poder vivir el viaje que llevaba meses planeando, pero todo el mundo me decía: «siéntete afortunada Laura, te lo han pillado a tiempo y con el catéter vas a mejorar…». Me seguía autoengañando pensando que lo peor ya había pasado y que todo iría a mejor.

 

Después de este susto y disgusto, me hacen varias pruebas y definitivamente no me dan otra opción: hay que operar, tarde o temprano, porque los quistes están ya por todas partes (uréter, vejiga, intestino…).Decido esperar un poco para prepararme mental y emocionalmente, ya que estaba demasiado floja y no era momento para enfrentarme a una operación. Pero a mi  cuerpo le va la juerga y no quería esperar tanto, así que después de estar varios días con una supuesta infección de orina, dolores en el riñón y fiebre, por fin un médico me hizo caso después de 3 veces en urgencias y me confirma que tengo pelionefritis aguda, una infección en el riñón que se me había pasado ya a la sangre, presentando sepsis (respuesta inflamatoria del organismo ante una infección grave). Había que intervenir de urgencia y la única solución para salvarme la vida era hacer una NEFROSTOMIA (punzar el riñón para colocar un catéter con sonda y eliminar la orina infectada que había dentro). Al principio me opuse, no quería llevar una bolsa colgando de mi cuerpo, pero no había otra solución, estaba mucho más grave de lo que podía imaginar.

 

Después de 15 días ingresada y atiborrada de antibiótico, me voy a casa con mi bolsita…Sé que era algo temporal hasta que me operasen y me la pudieran quitar, pero se me cayó el mundo a los pies cuando tuve que ir a casa así, tan limitada y tan incómoda, avergonzada y triste, muy triste, pues fue la primera vez que sentí que la Endometriosis es algo más que un dolor de regla, la Endometriosis puede quitarte la vida si te descuidas.

 

A pesar de las molestias que ocasionaba la nefrostomia te acabas adaptando, porque si algo he aprendido estos meses, es a tener paciencia, adaptarme a cualquier cambio y superar los obstáculos que aparecen, que lo más importante es seguir, continuar, mantener la ilusión por vivir y mejorar. Y no iba a consentir que una bolsita me quitara esa ilusión, al revés, me enseñó a valorar las cosas desde otra perspectiva y a darme cuenta que lo más importante SOY YO y por supuesto, mi salud.

 

Justo un mes después, llegó el día de entrar a quirófano. Recuperada de la pelionefritis, animada y feliz de que llegara ese día, sin miedos y segura de que sería el inicio de una vida «nueva».

Después de 12 horas de operación, abro el ojo en la UVI y lo primero que hago es intentar mover una mano y palpar mi cuerpo; necesitaba tocar mi tripa y mis piernas para saber qué estaba entera! Mientras mis dedines rastreaban mi abdomen sentí algo raro, me paré en esa zona, a la derecha de mi ombligo, notaba un plástico extraño pegado…mi intuición me decía…sí, ahí está, lo que no querías que pasara, pasó, pero debido a la bomba de morfina que no paraba de disparar bolos cada 20 minutos, no era capaz de pensar con claridad y no quería ni imaginar que mis mayores temores se harían realidad, así que esperé hasta que escuché a una enfermera y solo fui capaz de preguntar :¿Oye esto de la tripa qué es?, y escuché lo que nunca hubiera querido escuchar: «llevas una ILEOSTOMÍA«.

Me quedé en estado de shock, lloré, me agobié, quería irme de allí y soñaba con que eso no hubiera ocurrido, que sería un efecto de los opiáceos, pero no, era real, habían tenido que cortar mi intestino en diferentes partes y necesitaba llevar una ileostomía por lo menos 3 meses.

 

Ahora, un mes y medio después de la operación, he de reconocer que tengo mucho cariño a mi bolsita, esta intervención me ha devuelto la salud, me ha dado vida, y eso es lo único importante. Las emociones al principio son difíciles de gestionar, esa mezcla de rabia, asco y vergüenza es un cóctel molotov para cualquier mente, pero se supera! Cuando te sucede algo malo, hay 3 opciones a elegir: dejas que te marque, que te destruya o que te fortalezca, y yo tenía claro que esta situación iba a ser para mí un tremendo APRENDIZAJE, y así está siendo, una experiencia enriquecedora a la vez que complicada, pero justo son éstas vivencias las que nos ayudan a crecer y a sacar lo mejor de nosotras.

 

Cada día tengo más claro que la endometriosis ha aparecido para ayudarme a ser la mejor versión de mí misma, me está ayudando a cambiar aspectos de mi vida que no me gustaban, me está enseñando a vivir con más intensidad, con más ganas y con más ilusión. Después de todo lo vivido en estos 4 meses (infecciones, nefrostomía, ileostomía…) me siento invencible, capaz de superarlo todo y hacer cualquier cosa, y eso se lo debo a la endometriosis.

Aunque a veces sea duro, porque lo es y mucho, intentar quedarse con lo bueno de una enfermedad es el primer paso que nos ayuda a estar más sanas, porque de todo se debe sacar el lado positivo, hasta la endometriosis lo tiene!

Termino con esta frase que refleja mi vida a la perfección:

«Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios»

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Tu vida es y será extraordinaria, con y sin endometriosis, sólo TÚ decides cómo vivirla 🙂

 

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo 

 

 

 

 

 

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Las 7 claves de la resiliencia

Muchas son las personas que me preguntan: «¿Qué es la resiliencia?», una palabra que cada vez se oye pero de la que poco se conoce.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superarse ante la adversidad; es decir, cuando llega ese momento en el que pensamos que se nos cae el mundo a los pies y no encontramos una salida, pero aun así, somos capaces de seguir hacia delante por muy feas que se pongan las cosas, significa que somos resilientes. Las circunstancias difíciles o los traumas nos permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que desconocíamos hasta el momento.

Ser resiliente no significa no sentir malestar o dolor emocional. Situaciones como la muerte de un ser querido, una enfermedad grave, la pérdida del trabajo, problemas financiero etc., son sucesos que tienen un gran impacto para nosotros, produciendo una sensación de inseguridad, incertidumbre y sufrimiento. Aun así, las personas logran, por lo general, sobreponerse a esos sucesos y adaptarse bien a lo largo del tiempo.

El camino que lleva hacia la resiliencia no es un camino fácil, sino que implica un considerable estrés y malestar, a pesar del cual las personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la dificultad o tragedia que vivan en ese momento. Pero, ¿cómo lo hacen?

La clave está en considerar a los problemas como desafíos, oportunidades que nos permiten crecernos y sentirnos más fuertes, en vez de apreciarlos como impedimentos u obstáculos que limitan nuestra vida.

La resilencia no es algo que tenga o no tenga una persona, sino que es una  forma de pensar y una actitud que puede aprenderse y desarrollarse con el tiempo.

Hay una relación directa entre la autoestima y la resiliencia: cuanto más confíes en ti misma y más te valores, más fuerte te sentirás para superar cualquier situación.

¿Qué diferencia a una persona resiliente de otra qué no  lo es?

Las personas resilientes poseen tres características principales: saben aceptar la realidad tal y como es; tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido y tienen una enorme capacidad para mejorar.

Además, presentan las siguientes habilidades:

  • Saben identificar de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
  • Presentan una alta inteligencia emocional y son capaces de controlar sus emociones, sobre todo ante la adversidad, pudiendo permanecer tranquilos en situaciones de crisis.
  • Saben controlar sus impulsos y su conducta en situaciones de alta presión.
  • Son muy optimistas. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro y piensan que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
  • Se consideran competentes y confían en sus propias capacidades.
  • Son empáticos. Es decir, tienen una buena capacidad para leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
  • Son capaces de buscar nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.

 

Si después de leer las características de las personas resilientes, has sentido que te gustaría desarrollar algunos aspectos que tú actualmente no posees, te muestro a continuación los que yo considero los 7 pilares fundamentales de la resiliencia. 7 prácticas que si acaban convirtiéndose en un hábito comprobarás cómo cada día eres más resiliente y por lo tanto, más feliz.

 

  1. Introspección: mira hacia dentro de tu estado mental; pregúntate y respondete de forma honesta y a la vez libre de prejuicios.
  2. Independencia: a veces es difícil saber establecer los limites entre uno mismo y los demás, pero es importante saber mantener la distancia en ocasiones al igual que evitar el aislamiento.
  3. Saber relacionarse: establece vínculos afectivos con los demás de una forma equilibrada y sana.
  4. Iniciativa: acepta retos y emprende proyectos nuevos, siempre y cuando sean metas asumibles y realistas.
  5. Humor: ríete de uno mismo e intenta encontrar la parte cómica a todo lo que te rodea. Es imprescindible tener una actitud sana ante las contrariedades de la vida y el humor nos la proporcionará.
  6. Creatividad: ten una actitud abierta para crear y organizar asumiendo el desorden cuando es evidente. No pasa nada por vivir momentos desordenados y caóticos, éstos son necesarios para que después prospere la creatividad.
  7. Autoestima sólida: nunca olvides cuidar tu autoestima, respétate y quiérete por encima de todo.

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo