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Y ahora… ¿Qué?

Era una mañana normal de un día normal de una semana normal. Todo transcurría con normalidad y sobre todo una especial ilusión invadía la cabeza de todos: ¡Comienzan las vacaciones! Las maletas ya estaban cerradas y facturadas, los nervios a flor de piel y las cámaras de fotos con la batería bien cargada para no perderse ni un detalle del viaje que estaba a punto de empezar.

Llegó el momento de despegar, ya era cuestión de pocas horas para llegar al destino deseado y comenzar unos días de ensueño e inolvidables. Todo estaba saliendo perfecto hasta que ocurrió algo que jamás debería haber ocurrido… ilusiones, sueños, esperanzas, vidas…todo se destruyó, en cuestión de segundos, sin motivo ni razón.

 

En muy pocos días hemos sido testigos de tragedias horribles, todas aéreas, donde se han ido muchas vidas y muchas familias han quedado rotas para siempre. Con motivo de estos episodios, no he podido evitar reflexionar y pensar no sólo en los que se van, sino en los que se quedan.

Perder a un ser querido es la experiencia más difícil a la que todos en algún momento tenemos que enfrentarnos, y el proceso de duelo dependerá mucho de la forma en la que esa persona nos abandone.
Cuando se produce un suceso tan terrible e inesperado, no da tiempo ni a reflexionar ni a prepararnos. Llega y ya está. Todo sucede muy rápido. Siempre resulta “más fácil” adaptarse a un hecho que sabemos que va a ocurrir que algo que no esperamos. Esta pérdida produce un caos mayor, un dolor más profundo y una pregunta constante se repite continuamente: ¿Por qué?

Las muertes imprevistas llaman a las puertas de cualquiera: del niño y del adulto, del rico y del pobre, del ciudadano honesto y del delincuente, del santo y del pecador, del amigo y del enemigo. No hay distinciones, como si todos, ante el hecho inesperado, fuesen igualmente vulnerables, frágiles, incapaces de defenderse o de huir.
Sentimos entonces un desgarro profundo en el alma. Por lo inesperado del hecho. Por el afecto que sentíamos hacia una persona cercana o conocida. Por la ruptura radical que se impone en los lazos temporales.
Y entonces, ahora… ¿Qué? ¿Qué hacemos?

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Por un lado hay que afrontar la situación y los deberes inmediatos: llamadas, papeles, seguros, contactos…todo son prisas y rutinas frías, pero que nos hacen estar entretenidos y no pensar en lo que ha pasado.
Pero luego, cuando ese trajín frenético finaliza, llega el momento de enfrentarse al vacío interior y a esa herida en el alma tan profunda que no sabemos si seremos capaces de cicatrizar. Ahora queda un hueco en la cama, en la casa, en el trabajo, en nuestra vida. El mundo ya nunca será igual, por lo menos según nosotros. Nos resulta extraño ver cómo los demás siguen con sus rutinas y sus monotonías, cuando percibimos que ya todo es distinto.

Pero la pérdida de un ser querido debe de superarse, Cuando pierdes a alguien puede que te dejen de importar muchas cosas, pero necesitas cuidarte, no dejar de lado tu salud, la gente que te rodea debe procurarte. Trata de dormir y de comer muy bien para aguantar el sentimiento de tristeza profunda.

Quiero compartir con vosotros unas indicaciones que personalmente considero que son fundamentales para que sepamos superar tal pérdida:

– Acude y participa en los rituales funerarios, te ayudará a despedirte y sanar la herida. Seguramente tengas ganas de decir muchas cosas que no te han dado tiempo, así que exprésalas, no te las guardes para ti. Díselas.
Rodéate de sus pertenencias, fotos, ropa, objetos. Tendemos a evitar estas situaciones y guardar todo aquello que nos recuerde a esa persona, pero al revés, ten sus cosas contigo, te ayudará a sentirle cerca. Nunca dejes de pensar en esa persona, físicamente no está, pero siempre estará contigo.
Nunca te quedes con ninguna culpa dentro de ti. Escribe una carta expresando lo que sientes, pidiéndole perdón si así lo necesitas, dile todo lo que no te dio tiempo. Esta carta te ayudará muchísimo.

La vida cambia completamente cuando alguien se marcha, sin embargo, debes decidirte a aprender de esta experiencia. Cuando alguien nos deja, aprendes que tienes que vivir la vida hasta el último segundo, valorándola y sobre todo disfrutando de las personas a las que amas.

 

(En memoria de los fallecidos en el vuelo MH17 estrellado el día 17/07/2014)

 

Laura Moreno Jiménez-Bravo

2 respuestas a «Y ahora… ¿Qué?»

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